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¡Quieto todo el mundo!

24.02.2016 @caguecast 3 minutos

“Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez del político español, y de lo primero no estoy seguro” habría dicho Albert Einstein en el caso de vivir el espectáculo bochornoso al que asistimos. España amanece un día más sin un gobierno formado, y con éste, ya suman más de dos meses en los que la política española se deja en evidencia constantemente.

Por un lado encontramos al PSOE de Pedro Sánchez, el secretario general que ostenta el dudoso honor de ser aún más ignorante que nuestro expresidente, el de la “desaceleración económica”, empeñado en desahuciar a Mariano Rajoy de la Moncloa por todos los medios. Albert Rivera encarna por su parte el centrismo ñoño y la ambigüedad más demencial. Parece que Ciudadanos se ha tomado realmente en serio ser un partido bisagra, ya que sólo se mantienen como condiciones innegociables un par de medidas de demostrada popularidad – las cinco condiciones impuestas y aceptadas por el PSOE–, y tienen por demostrar que saben hacer algo aparte de poner la otra mejilla. Pablo Iglesias y Podemos se han encerrado en la fantasía de constituir un “gobierno de cambio”, pero quedándose de momento en sólo buenos propósitos y política de gestos. Queda por ver si Iglesias es capaz de plantear su socialdemocracia, o si tendrá que quedarse en la ridícula gestión de los gobiernos de cambio en el ayuntamiento de Madrid y Barcelona, aunque de ser así, poco tienen que temer los apologetas del conservadurismo católico. Para acabar, sólo falta el PP de Mariano Rajoy, el autor de la mejor gestión de la España actual. Son tantos los casos de corrupción acaecidos en los últimos años, que han logrado el  mérito de que perdamos la cuenta de los imputados en numerosas tramas, o casos aislados, como en alguna ocasión se ha dicho.

Y por fin llega el punto de inflexión, cuando Pedro Sánchez anuncia un probable pacto con Ciudadanos y la reforma exprés de la Constitución Española, a lo que se añade la congelación de diversos impuestos. Ahora bien, se mantiene el problema de la aritmética, y es que el pacto entre estos dos partidos no da "ni para pipas". Pobre iluso aquel que crea que el nuevo pacto estará en condiciones de tocar la Carta Magna sin el apoyo del PP. Esta unión no es más que un brindis al sol, un acto de pre-campaña electoral, donde el PSOE podrá atribuirse la condición de dialogantes, aunque todo el mundo sabe que Podemos dinamitará sus intenciones. Sobre el tablero hay nuevas fichas y normas para moverlas, donde parece que la negociación comenzará a producir sus frutos, o al menos debería. Ya no vale el marketing electoral y el contentar a toda la ciudadanía, ha llegado la hora de ejercer la verdadera política.

En cierto modo, también ha cambiado la imagen pública de los cuatro líderes. Puede que Sánchez se encuentre perdido sin la referencia de una cámara a la que sonreír, Iglesias cambie  las camisas de Alcampo por el esmoquin, Rivera encuentre en el cajón su carnet de afiliado a las Nuevas Generaciones, y Mariano tenga que volverse a Pontevedra, ciudad en la que se le ha nombrado persona non grata.

Puede ser que realmente no estén a la altura de las circunstancias y que no sepan legislar en conjunto. Puede que el golpe de Estado de Tejero fallase, pero nuestros políticos andan despistados y  creen que todavía tienen que permanecer quietos.

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