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Sálvese quien pueda

16.03.2016 @caguecast 3 minutos

Noche del 14 de abril de 1912. En mitad del Atlántico Norte. Estamos a bordo del RMS Titanic, el barco más grande del mundo, donde se entremezcla lo más granado de la sociedad británica con inmigrantes en busca del sueño americano.  A medianoche ocurre la catástrofe. El cubito de hielo más grande de la naturaleza choca contra nuestro gigante de acero, causando la tragedia. Unos se imaginan a la banda tocando los últimos compases antes de morir, otros a la entrañable pareja de ancianos, impasibles ante lo inexorable, y la gran mayoría, a un Leonardo DiCaprio desvaneciéndose entre las oscuras aguas que mataron a 1.500 almas humanas.

La obra maestra de Cameron ha otorgado al imaginario colectivo numerosas imágenes que han pasado a la historia del cine, pero yo prefiero recrearme con otra menos romántica: ratas. Enormes roedores negros intentando también salvar el pellejo, incluso mordisqueando los bajos del cadáver hinchado de nuestro simpático y muy rubio reciente ganador de un Óscar. Animales vilipendiados, pero que comparten con el resto de seres vivos el instinto de supervivencia.

Rita Barberá, la matriarca del PP levantino, se ve en la misma disyuntiva que las ratas londinenses, pero valiéndose hasta ahora del aforamiento como senadora para ralentizar los efectos de la justicia, ya que de poco le valdría en este caso ser una experta nadadora o transmitir la Leptospirosis (obviamente he consultado en Google cómo se escribe esta enfermedad). Nótese el énfasis en “hasta ahora”. Ha hecho falta que el escándalo haya escalado hasta unas proporciones dantescas en las que la mierda todo lo manche. La matriarca del PP en Valencia acudirá voluntariamente ante el juez para prestar declaración, pero sin disfrutar de la calidad de imputada, por lo que bajo juramento dé alguna sorpresa y algún titular.

“Renovarse o morir”, sentencia la archiconocida afirmación. Esto es lo que debería comprender el PP de una vez por todas y establecer como brújula en su ideario. La renovación en la plantilla sólo ha sido efectiva de cara a la galería, donde los cachorros de NNGG se han acomodado como los RRPP del partido de la gaviota. Error. Ya en 1989, el extinto Alianza Popular fue refundado y renovado, aglutinando a diferentes partidos del espectro político de la derecha, pero sin ser necesariamente antiguos franquistas (teóricamente), una muestra clara de que los populares no tienen por qué permanecer para siempre en la misma formación.

Aparte de los escándalos periféricos, está más que demostrado que el mamoneo en el PP es un problema de base. Rajoy no ha sabido abordar la lacra de la corrupción en su partido durante los últimos cuatro años, y ni mucho menos habernos convencido sobre esta problemática. Por si fuera poco, es además el mayor impedimento del partido para formar gobierno. El registrador de la propiedad es la punta de lanza, y por ende, cabeza de turco del partido. En estos momentos en los que el casco del barco se resquebraja y las gordas ratas negras escapan, hay que optar por apuntalar como sea las grietas, ya que el bote salvavidas es la última opción. La regeneración del partido no consiste en que Pablo Casado  y Andrea Levy salgan mucho en RTVE. Rajoy debe dimitir. Y pronto.

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