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Twitter, Facebook y un hatajo de capullos

16.11.2016 @caguecast 4 minutos

Rajoy y Trump presidentes. Reino Unido y su Brexit. El auge de la ultraderecha en medio mundo. La demoscopia está malherida y necesita una urgente puesta a punto o no será capaz de recuperar la credibilidad. Una vez más, se derrumba ese falso mito que se inició a principios de esta década: "las redes sociales son la realidad". Qué poco dura esta afirmación, que tras unos pocos años se va al carajo sin remedio alguno.

Ya afirmaban algunos estudios que el segmento de la población más activa en Internet representa no solo a una pequeñísima parte del conjunto, si no que además es la más radical en sus planteamientos. Y la que más ruido hace con diferencia. No se premia a la prudencia en el reino de la soberbia egocéntrica.

Se ha generado así una dinámica en la que "cuatro gatos", que se diría antes, tienen la capacidad de formar y movilizar a un colectivo mucho mayor de lo que podría con unas herramientas tradicionales, tales como gritar en la plaza del pueblo sus dogmas. Un sitio donde los polos opuestos se dedican a matarse a través de las palabras vacías que a nadie más allá de su círculo le importa. En medio, los moderados, los que tienen cosas en la vida aparte de su avatar. Ideología de sofá y activismo petardo.

Aunque haya perdido importancia y siga decayendo en número de usuarios, Twitter es el mejor ejemplo. He dedicado muchos años de mi corta vida (6 de 21) a esa basura. El proceso de la formación de la opinión de los "tuiteros" puede parecer algo difícil de comprender y predecir (además de un coñazo), pero no para alguien que conozca a fondo el funcionamiento de la comunidad.

El misterio del proceso se encuentra en las condiciones sociales de aquél que se centra en dedicar demasiadas horas de su día al time line. Primeramente se te presenta la oportunidad de conocer a gente repartida por toda España que piensa como tú o de una manera semejante, de forma que rápidamente comienzas a integrarte en un discurso nuevo para ti que se te aparece como el remedio de todos los males. Es una asimilación inmediata que no precisa apenas de análisis particular, pero no te importa porque por fin te sientes parte de algo. Aprendes de primera mano todo un conjunto de teorías sociales que de otra forma nunca habrías accedido, ya que lo encuentras fuera de tu círculo de amistades habituales, si es que tienes uno funcional.

Esto no es un problema de por sí, ya que desde siempre ha habido una corriente mayoritaria de pensamiento que arrastra el nulo sentido crítico del resto. El problema surge cuando te das cuenta de que en Internet no existe la discusión. Mediante 140 caracteres es imposible mantener un diálogo real. Uno se crea su zona de confort en la que sus semejantes sólo amplían sus conocimientos en la dirección en la que se sienta cómodo. No hay cabida a la empatía, ya que son intercambios de palabras en las que no hay un contacto verdadero con la otra persona. Es solo un avatar, un puñado de frases malinterpretables (o pura mierda, que también puede ser). No hay nada para ti detrás de eso y te sientes libre de destruirlo si te apetece.

La cuestión se agrava a la hora de analizar el público objetivo de Twitter. Para muchos adultos y profesionales, la red social es un juguete con el que matar el tiempo muerto, entretenerse e informarse. Por el contrario, para un adolescente, puede ser mucho más que eso.

En una etapa de la vida crucial para la formación de la personalidad, Internet tiene un peso tremendo en todo esto. No comentaba antes porque sí la posibilidad de que el tuitero en cuestión se tratase de alguien con limitaciones sociales. Al lograr fácilmente integrarse en un nuevo grupo de amistades, hará todo lo que pueda para mantenerse en él. Quien no tiene un colchón más allá de la red y vive para ella, está a su voluntad. En Internet no hay disidentes, la teoría se compra en su conjunto. Y ay del pobre que se atreva, porque no son pocos los que disfrutan de su estatus de Paladín de la Moral Imperante, y se alegrarán de verte caer gracias a su campaña de acoso y derribo.

En definitiva, las redes sociales parecen estar perdiendo todo el potencial que tenían. Como el resto de Internet, la infinidad de posibilidades que te brindan no valen para absolutamente nada por culpa de su mal uso. Que uno sólo quiere ya compartir estupideces y memes en general para salir de ese mundo irreal y decadente poblado por inadaptados que quieren su minuto de gloria. Y volviendo al principio, las quinielas no se cumplen porque las personas normales siguen siendo mayoría. Para ser tan listillos, resulta que sois muy tontos.

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