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Un gladiador en el semáforo

09.03.2016 @caguecast 3 minutos

Ah, marzo. Mes de transición, el momento del año en el que el termómetro comienza a subir hasta llegar a las deliciosas temperaturas de la primavera. Algunos animales despiertan de su letargo, cambian de pelaje, y la manada se reúne en el momento de la interacción social, por no hablar de nuestras amigas las procesionarias. Por otra parte, se inicia una bonanza alimenticia, donde los vegetales brotan sin cesar y la fauna orquesta una sinfonía digna de Vivaldi, en la que vida y muerte conjugan un espectáculo tan bello como encarnizado. Sin duda alguna, una oda a la naturaleza más viva, una época que debería ser de paz y fraternidad. O no.

La primavera trae consigo también una serie de cambios hormonales que desconozco –y al mismo tiempo son conocidos empíricamente por todos-, donde la sangre se altera y los problemas emergen como si de una deposición en un váter atorado se tratase. Empezamos la semana fuerte. Valencia es la tierra del arroz en paella, los petardos, el Bakalao y, antaño, del PP. Se trata por lo tanto de una comunidad variopinta, que sin duda alguna nos ha regalado algunos titulares asombrosos. Con motivo de celebración del 8 de marzo, el Ayuntamiento de esta ciudad –liderado por Joan Ribó, de Compromís-, homenajea a la mujer en pos de la igualdad representándola en los pasos de cebra. Sí, ahora las mujeres también pueden cruzar sin peligro alguno la carretera. En el momento de mirar a un lado y al otro de la vía, encontrarán al frente su imagen, aunque no sea precisamente la más fidedigna.

Leí ayer en Twitter que la señora que se ve en los semáforos valencianos no es ni siquiera andrógina, sino eminentemente varonil. “Un pedazo de gladiadó con falda”, reza el sarcástico tuit. Y he aquí la cuestión. ¿Por qué motivo se representa al sexo femenino necesariamente con este atuendo? ¿No hay una mejor forma de señalar la mujer? Esto en los años sesenta tendría sentido, pero a día de hoy, es casi especial que una mujer no vista pantalones. Aunque se haya errado el tiro en la representación de la mujer, tengo que desmentir mi afirmación de unas líneas más arriba para aclarar que no, que esa no es la cuestión.

El verdadero motivo del día de la mujer trabajadora es la celebración de la lucha del feminismo y las conquistas sociales, además de concienciar en los muchos aspectos que todavía hay que lograr para alcanzar la soñada equidad real. El quid de esta fiesta no es si las mujeres llevan falda o no, o si la "progresía" de Compromís es sólo política de  gestos o va más allá. Toda esta parafernalia de pequeños y simples cambios no es que sea necesariamente negativa, pero desvía la agenda de los medios del verdadero debate: el machismo en el siglo XXI.

Patriarcado, con todas sus letras, por mucho que te pese. No te hagas el loco, ni siquiera debería ofenderte. El sufragio femenino, la posibilidad de que una mujer pueda abrir una cuenta corriente o pedir un crédito sin necesitar el consentimiento de su marido, son realidades que ganaron hace ya años, pero no hay que detenerse ahí, ni mucho menos detenerlas. Todavía hay quien habla del verdadero feminismo, de las locas del coño y “feminazis”, porque ponen el grito en el cielo por algo tan descabellado como son las violaciones, dominación institucionalizada o la brecha salarial. Ellas no quieren copas gratis en una discoteca a cambio de ser tratadas como ganado. La mujer quiere que la trates como a una persona, no como a un útero o una histérica, y eso es lo que se pretende en el 8 de marzo, el feminismo. Por todo esto, vamos a dejarnos de gladiadores, de hembrismo e histerismos. Porque no todo tiene que seguir la ley de tu lastimoso falo. Porque la mitad de la población exige respeto. Because girls just wanna have fun (damental rights).

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