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Un par de polvos al año

29.06.2016 @caguecast 2 minutos

Arrastra desde su niñez el mismo gesto inconfundible, imperturbable e irrelevante, cuando no bobalicón. Nadie se esperaba del monaguillo y después opositor una vida pública que le llevaría a lo más alto.Rivera se resfría en verano, Iglesias ama Pakistán y el Rif, y Pdro aprovecha la cámara interna de su móvil o algún espejo reluciente para fotografiar lo que se convertirá en carne de onanismo. El candidato popular nada, literalmente. Evita cualquier atisbo de humanidad, porque, efectivamente, el hombre es vicioso por naturaleza.El día que repartieron superpoderes, a Marianito le concedieron la capacidad de ser un supercoñazo. Su máxima afición es caminar. Y hablar regular ante las cámaras, pero ese ya es otro tema.Marianito se mira cada día al espejo y, muy seriamente, se convence de que esa jornada será otra insulsez más en su vida. No llega al poder para disfrutarlo, sino porque así lo ha querido Dios.Marianito es conservador en el catre. Fornifolla con la luz apagada y sin excederse de los cinco minutos reglamentarios con una técnica que ya querría Rouco Varela para sí: el misionero que no come conejo. Le duele la cabeza 363 días al año, sólo cumple en el aniversario y cumpleaños de su cónyuge. En el día que conmemora su nacimiento, únicamente pide que le dejen cagar tranquilo. Qué sopor. Sólo siente la llamada del pecado en la lucha contra el populismo-bolivariano-marxista-leninista de Coleta Morada y sus secuaces, y puede que también en las citas privadas con Draghi.Si Marianito fuese una delicatesen, sería el pan con pan, y si fuese una bebida, sería una prohibible 0’0.Marianito no roba, porque aunque pueda y conozca el modo por eso de las neuronas espejo, no se siente capaz de ello. No hablamos de una integridad moral férrea como los abdominales de Aznar, sino del buenismo llevado hasta las fronteras de la imbecilidad.A Marianito le cayeron muchos soplamocos entre sus 2 y 22 años (aproximadamente) de vida. Vivió en su mundo de memorística, quebrados, afluentes de los principales ríos y pantanos franquistas, bajo las faldas de sus familiares y la profe. No es campechano, es inofensivo.Pero llegó el momento en el que Marianito espabiló y que, gracias a su mente analítica y pausadamente soporífera, supo hacer de su carencia su mayor virtud, porque nadie se esperaba el sorpasso filofascista. El míster de los populares tomó nota de El Príncipe con una extraña eficacia, haciendo suyas las estrategias maquiavélicas que versan sobre un culo cuadrado acaparador del sillón preferente, aderezándolas siempre con una vida monástica asquerosamente impecable.Porque, al final, y por mucho que nos pese, Marianito es el más listo. Y puede que el pasado domingo hasta echase el tercer polvo del año.

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