Columnismo

Pan y vino

Blanco y en botella

29.10.2018 @@_samuelruiz_ 2 minutos

Cuando las cosas iban mal, ahí estaba mi imaginación. De pequeño –antes de que me creciera la cabeza, digo– era un experto en soñar. Ahora, lo soy en sueño. El caso es que cuando saltaba desde el banquillo soñaba con darle la vuelta al luminoso. Pero por no haber… no había ni luminoso ni césped ni remontada. Ni buen jugador, claro. Porque siempre me gustaba jugar de pareja con el barco del arroz. Pero no quiero perderme en mi tesis de hoy: la línea que separa la realidad de la ficción también es un hilo. Porque el cerebro es el que mejor sabe de eso del amor-odio. Entre el querer y el hacer. Y si está en sintonía con el corazón, ya puede ir viniendo Horatio –sí, el pelirrojo del CSI– con todo el equipo forense. Algo parecido sucede con la atracción de la connotación frente a al rechazo de la mediocre denotación. Es que en España somos muy del es que. Qué mejor pensar en lo que podría haber sido, ser o será que en lo que es. Imaginar y soñar.

- Es que hoy está lloviendo.

No te preocupes. La traición del cerebro es una enfermedad común. Mis connotaciones favoritas son las del color y el dinero. Nada que no pueda curar el dinero. Mucho que hacerte perder el color. Una aleación letal. Porque no es lo mismo que un loco islámico encapuchado decapite a un periodista a que lo haga un multimillonario del régimen saudí. El verbo lanzar y vender también lo separa un hilo. Estoy consternado. Porque parece que la noventasesentanoventa improductiva es más productiva que la productiva. Y si es blanca, mejor. Más te vale también ser blanco en el metro de Madrid. O ser negro y rico. Porque la legalidad y la ilegalidad de la inmigración también se puede comprar con dinero. Como las ideologías, las estadísticas y la historia. Como el cuponazo vasco, el CIS de Sánchez o las novelas de TV3. O las de Tebas. Que cuando hay varios millones de por medio se olvida de que vuelan globos amarillos durante el 17’14’’ del partido que representaría en Miami a la liga española.

Ejemplos hay como tertulianos. Más cuando las cosas van mal –lluvia en el estómago, nubes en la mente–. O cuando el fin justifica los medios: límpiense las gafas de cara al 2 de diciembre. Y sí, he venido aquí a connotar sobre la infravaloración de la denotación. Una guerra perdida en el país en el que la jota la puedes escribir y bailar, y la chota criar, estar o doler. No se salva ni el blanco y en botella…

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