Columnismo

Pan y vino

Pecado

21.06.2018 2 minutos

Pequé. Sí, el otro día no pude aguantar. Aniquilé una de mis máximas: no sucumbir a las emociones. No soy muy creyente, pero la magnitud del hecho fue suficiente. Lo hice. La primavera me ha conseguido alterar en sus últimos coletazos. Cuando la temperatura, por fin, ha hecho de las suyas. La misma que, en sus diferentes manifestaciones, me arrastró al lado oscuro. En mi defensa, he de decir que llevaba varias semanas sin hacerlo. Lo sé, no es una excusa. En mi autoconvicción moral quedará que me hubiesen dado el pin de los catorce días limpio si se tratase de una adicción, pero aún no está catalogada en la última edición del DSM. No por falta de enfermos –pecadores–, sino por falta de instalaciones. Haber tenido exámenes durante las dos últimas semanas me puso a prueba. No la superé. Todo el mundo universitario ha experimentado el estrés acumulado a lo largo de este periodo y conoce los mejores métodos para eliminarlo. Universitarios y agentes del mundo laboral en general. Yo nunca les creí. Hasta hace dos días, cuando comprobé su eficacia. Y ahí estaba yo, un lunes después de mi último examen de carrera. Después de un generoso plato de macarrones a la boloñesa que me preparó mi generosa madre. Y después de una refrescante ducha. Allí, entre las también refrescantes y recién estrenadas sábanas de tela. Televisión LED, aire acondicionado, pañuelos y salbutamol. “No estaría mal que te dieras un caprichito”, comenzó a decir una voz interior a la que amordacé en su primer intento. “Porque te lo mereces”, dijo una segunda voz, esta mucho más profesional en el ámbito de la publicidad. Sucumbí. Atrás quedaron todos mis esfuerzos de contención de semanas anteriores. De temas y temas estudiados entre los que no hice el más mínimo parón. Ni merendaba. Un entrenamiento férreo que no logré completar. Allí estaba ella. Dando tumbos de un lado para otros. De pronto se paraba y de nuevo comenzaba. Más rápido. Más lento. En largo. En corto. Hasta que no pude más y no volví a verla. Cuando desperté, Suecia la había ganado 1 a 0 a Corea del Sur. Ella sólo había entrado una vez y me lo perdí. Sí, pequé: me quedé dormido viendo el Mundial.

PD.: no os perdáis La Verdad sobre Paula.

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