Columnismo

Pan y vino

Pedro ‘Superstar’

07.06.2018 2 minutos

Del ‘Welcome to the jungle’ al ‘Sweet child o’mine’ pasando por el ‘Viva la vida’. Aquello de que Pedro Sánchez iba pasearse España en coche para recuperar la confianza de sus electores era una metáfora. Descartado el complejo de ardilla –por aquello de la España del medievo–, apuesto por el de estrella de rock. Más que de mítines y mociones de confianza en los feudos susanistas, se trataba de darle a los acordes de la manera más eficiente hasta que el público no dejase de repetir aquello de “otra, otra”. El coche, por la furgoneta hippie; el ‘paz y amor’, por ‘somos la verdadera izquierda’, y las coletas, para el truco final. Pantalones de pana ya no quedaban, pero al menos tenían rosas y no les habían visto mucho con corbatas. ‘Ave Fénix’ hubiese sido una buena idea para serigrafiar en el bombo de su batería si no fuera porque ya se llamaban PSOE. Un daño colateral del que ha sabido sacar partida: su gira, a la que bien podríamos llamar ‘Post Mortem’, la ha permitido alzarse con la presidencia del Gobierno. Que las democracias actuales se basen en un líder carismático es un hecho evidenciado en su atmósfera, pero su conversión a estrella de rock parece no haber desviado su atención y, a diferencia del superstar bíblico, sigue con los pies en el suelo. De más es sabido que el coqueteo con las manecillas del reloj a altas horas de la madrugada conduce a más o menos elevados niveles de disonancia cognitiva. Eso sumado al viraje hacia la comercialización que emprenden los artistas que comienzan a ver tierra en el horizonte. De momento, que sepamos, ‘Pinna Records’ no se ha puesto en contacto con el nuevo presidente –que, por otra parte: Dios le libre–.  En este punto, en el más álgido de su carrera musical, ha conseguido mantener la calma tras su recorrido histórico, actuar conforme a las circunstancias del presente y mirar hacia el futuro. Ha comprendido la empatía con el partido, ha comprendido que es hora de que las mujeres también rockeen y ha comprendido que hay que trazar líneas hacia el largo plazo sin sucumbir a las emociones eufóricas del momento. Si el saxofonista tiene que ser el irlandés que toca como nadie y no tu amigo con el que comenzaste en el garaje, tiene que ser. Y si tiene que ser astronauta, lo es. No parece que tenga previsto convocar elecciones pronto, Albert, pero las viejas glorias del rock de un momento a otro pasan a leyenda. El éxito confunde, veremos lo que aguanta Pedro superstar encima de la ola y cuánto tarda el electorado en olvidar quiénes fueron sus teloneros.

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