Columnismo

Pan y vino

Sexo oral en Uganda

03.05.2018 3 minutos

Un santo costaricense y otro con nacionalidad universal. Este es mi resumen del pasado Real Madrid – Bayern de Múnich. Uno, con nombre y apellido, Keylor Navas; el otro se basta con lo de ‘Google’, a secas. Va. Admítelo. Pasados los cinco –seis– minutos de descuento, pensaste que quedaría feo subir una storie sin la bandera del país donde tu equipo jugaría la final de la ‘Champions League’. Botonazo a google y a investigar. Lo demás vendría solo gracias a los emoticonos predeterminados de tu maravilloso Smartphone. Ah, Kiev. Ah, Ucrania.

- Azul y amarilla, ¡de puta madre!

El algodón no engaña: el interés por este término pasó de un 2% a lo largo del día a un 100% justo a las 22.40 horas, cuando terminó el partido. Google Trends me avala.

Es habitual que los países pasen desapercibidos mientras que la triple ‘ese’ esté descansando. Sex, Scandals and Sports. Murcia apareció en el mapa español gracias a la corrupción del PP. Kiev salta a la palestra gracias al ‘rey’ de Europa. Y lo de Uganda. Que no, que allí la boca es para comer. Nada de sexo oral, dijo su presidente. Eso es cosa de forasteros, alegó, pero lo cierto es que bien quedó demostrado en el ‘best seller’ por excelencia –y no hablo de 50 sombras de nada– que comer fruta tampoco está bien visto. Ya que todo es pecado, mejor cerrar los ojos en pequeños destellos de gloria, que estar esperanzados a la siesta vitalicia y su supuesta gloria. Una cadena más en la esclavitud de los ugandeses que, si bien han visto evolucionar sus derechos, hasta hace escasos diez años vivían en guerra y en la pobreza absoluta. De más cabe decir que en Uganda no están cubiertas las necesidades básicas, pero tampoco está de menos recordar que es un país que hasta hace seis años era legal la persecución y exterminación de homosexuales, transexuales y bisexuales. Prácticas que aún se llevan a cabo. Parece que no importa tanto cómo comer sino quién come qué. Y por no hablar de la igualdad entre hombres y mujeres. En un contexto de pobreza extrema, Adam Smith ampara la prostitución, la cultura permite la ablación y la justicia, la violación. Todo ello sumado a la crisis de refugiados. Uganda ha acogido a migrantes de El Congo, donde se celebra un conflicto sin fin.

Pasar hambre, frío, enfermar o sufrir la discriminación étnica siendo niño, adulto, hombre, mujer o anciano parece que ya no alimenta el estómago mediático de occidente. Claro, es que comer lechuga es más aburrido que ingerir grandes dosis calóricas de comida rápida. El lector se ha convertido en un animal de ‘viralbívoro’. Si su cerebro no se nutre de banalidades, ya no funciona. O eso cree. Y un sector de la industria periodística está dispuesta a alimentar su autodestrucción. Cuando se cruza la fina y peligrosa línea del clickbait. Tú eliges. More real food, more real news.

Ah, aunque supongo que ya habréis aprendido: es decimotercera, no treceava.

Artículo anterior Artículo siguiente