Columnismo

Pan y vino

¡Qué viene Félix!

10.03.2018 2 minutos

Cuando aparecían los primeros brotes verdes primaverales en el horizonte de la Costa del Sol, vuelve la lluvia. Un drama. Pero no sólo para los que obviamos a Emma en Málaga, porque casi nunca viene a visitarnos, sino por los tobillos de sus vecinos. De poco han servido los primeros rayos de sol que oxigenaron la gélida sangre que intentaba cruzar hasta el dedo gordo del pie. Entre el vaquero y el zapato, un abismo. Ni Hércules cuando se le fue la mano con el gym en Ceuta. La venta de calcetines se ha disparado justo cuando el mediterráneo más resfriado estaba.

“A dos euros, de oferta en El Corte Inglés”, llegué a oír en la redacción justo hace una semana. Más vale calcetín en mano que pie empapado. Me convenció. Desde entonces llevo unos en el bolsillo. El caso es que cuando estaba a punto de salirme con la mía, de dar lecciones a aquellos que modean con el tobillo al aire, de nuevo Málaga me sorprende. Sí es verdad que había algunos valientes, pero la mayoría rebuscó en el cajón otoño-invierno. Se me olvidó que es una sección también muy añorada por el sector malaguita, que gusta, hacen gustar y, sobre todo, se gustan.

Llevémoslo a la evaluación. Llevar los vaqueros remangados, la opción de mis amigos los valientes, hubiese sido más inteligente en estos días de lluvia. De pequeño, cuando aquella moda de llevar pantalones piratas, la broma era preguntar si el sujeto se disponía a cruzar un río. Emma me ha hecho cruzar más de uno y con consecuencias inevitables para mi integridad modal. ¿Los bajos de los pantalones se llevan ahora mojados? Supongo que no, aunque en esta era postmoderna nunca se sabe. De todas formas, ni cubriéndolos ni dejándolos airear hubiésemos frenado el proceso vírico que padece tras el invierno: el agua caló hasta los huesos. Literal. Yo ya pensaba que el socavón que separa Málaga al que llaman Guadalmedina era otra obra de Hércules...

Para algunas, y digo algunas porque hablo de una compañera, esta disertación llega tarde. Su argumento es que la moda es de hace años, el mío, anatómico. Ponte calcetines, tu seguridad está en peligro, podría ser el eslogan. Estamos hablando del sustento de tu esqueleto. ¿Por qué vestimos con gorro polar y descuidamos a nuestros tobillos? A mí no me gusta hacerle bullying a ciertas partes de mi cuerpo, pero confieso que una vez pequé. Intenté modearme, pero cuando pirateé mis vaqueros descubrí que no necesitaba tirar de ofertas de El Corte Inglés. Vestía calcetines de serie. Aquel día comprendí que no puedo ligar con los tobillos. Desde entonces sigo buscando con qué hacerlo. ¡Qué viene Félix, pónganse a cubierto!

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