Columnismo

Pequeño gran Rajoy

28.07.2016 2 minutos

Estamos en pleno verano y es buen momento para reflexionar y conseguir lo que nos proponemos. Después de un duro invierno trabajando, la gente de a pie ahorra para irse de escapada, los guiri vienen dispuesto a desfasar desde las 5 de la tarde y los posturitas se machacan en el gym para conseguir nuevos amigos. Pero nuestro compañero Mariano ni hace amigos, ni desfasa, ni trabaja para conseguir sus metas.

Este era su momento. Después del resurgir en las pasadas elecciones todo apuntaba a que iba a ser el más popular del Congreso, rodeado de 136 coleguitas. El pobrecito mío no cambia la expresión. Sonrisa tímida y fugaz, con cierto aire de desconcierto, gafas clásicas graduadas y mirada perdida, como el bonachón de clase que se queda solo en las parejas de Educación Física y frunce el ceño mientras se ajusta las gafas con el índice, intentando entender que sucede. Solo, excluido. Sin ser querido. Hasta el Rey -que vendría siendo el profesor- no sabe que hacer con él.

A veces, una retirada a tiempo es una victoria. Pero Rajoy es un poco orgulloso. Parece querer seguir el ejemplo de Hillary Clíntoris -que no La Trumpa de Demófilo Peláez- que, por su pesada y pasada matriz, ha conseguido ser la primera mujer candidata a la Casa Blanca. Esfuerzo y dedicación, pese a las críticas. Aunque es evidente que fracasa en el intento.

De ahí su repelente orgullo. Al menos podría dar paso a nuevas caras como Andrea Levy, seria pero insinuante, seductora. Seguro que con una marcha de Mariano, su equipo logra vencer. O echarse a un lado para que su filial naranja le ayude a la conquista y entre en escena Inés Arrimadas. ¡Ay Inés! La musa del Congreso. Como en la Nápoles de Roberto Saviano, las mujeres son capaces de emprender acciones incluso más decisivas que los capos de la Camorra y, además, con más poder que ellos. Así que… ¡Cuidadín Marianín!

Lo que no vamos a negar, ideologías aparte, es que Don Mariano es un buen hombre. Risueño, aunque se rían de él y ni se entere. También campechano. Pero señor Rajoy, usted no vale para política, y en política hay que tener amigos además de a tu equipo. Y de eso tiene más bien poco. Dicho de una forma totalmente distinta, no tiene ninguno.

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