Columnismo

Peso pluma

Amistad por principios

23.04.2017 @PrincesaOnAir 3 minutos

Dicen que es un amor imposible. Que sus familias les separan, como en la Verona de los apellidos Montesco y Capuleto. Que su condena está en el veneno del interés. Porque, como Romeo y Julieta, mueren al beber de la misma anestesia que aturde a la democracia. La pregunta les une. La respuesta les separa. Pero, ¿ni siquiera puede haber amistad entre política y periodismo?

Pensar mal y acertar ha pasado de mantra a dogma a golpe de actualidad. Y, claro, un café convierte en villana a la pareja político-periodística que lo comparte. Yo pienso que lo preocupante no es ese café, sino su digestión. Y me explico.

Primero somos personas. Luego, profesionales sin dejar de ser personas. Más tarde, lo que ustedes quieran. Inserten en este punto habilidades o aficiones; por no hablar de los crecientes pluriempleos imprescindibles para la supervivencia. Y opino (también practico) que es posible desdoblar capacidades sin perder el equilibrio. Y sin caer en trastornos de la personalidad. Porque, al final, es una cuestión de principios.

Del café al gin-tonic y de los bombones por mi cumpleaños a las vacaciones en Galicia previo Camino de Santiago. ¿Por qué no? Las simpatías humanas no tienen por qué estar impregnadas de colores políticos. Y la pasión profesional puede nublar la vista sin llegar a cegarla. Parece complicado, a pesar de ser sencillo. En definitiva, depende de dependencias emocionales.

No comparto que todos tengamos un precio. Al menos desde el punto de vista monetario. Si creo que todas las personas  tenemos un afán, o varios, pero también que contamos con la capacidad de comprobar y delimitar hasta donde nos condiciona su consecución. Es decir, qué nos atrevemos a hacer para lograr lo que queremos. Desde luego, si una amistad se forja en base a esta premisa materialista, entiendo que no hablamos de amistad. Hablamos de tráfico de influencias camuflado.

Y ahora atendamos a las prioridades. ¿Está el concepto de amistad por encima del de justicia?, ¿está la pasión profesional por encima de la relación personal? Aquí ya, cada cual se ponga una mano en el pecho y la otra en el bolsillo. Y a pasar por el polígrafo íntimo, ese que marca la vibración de tu propio pulso y que solo queda registrado en tu conciencia.

Si. Sería capaz de denunciar a quien quiera que sea que cometa una injusticia. Más allá de lazos amistosos, que en definitiva son amorosos, y del grado de consanguinidad. Y lo se porque hasta ahora lo he hecho, sin perder la humanidad y hablando con esa persona a la que puedo querer pero no más que a mi misma y no más que a mi concepto de la humanidad. Y si mañana me equivoco, pediré perdón. Y me concederé lo que a nadie debería negársele: el derecho a rectificar.

Periodistas y políticos. Montesco y Capuleto. No sé si nuestra condena es amarnos. Pero estoy segura que, desde luego, lo es entendernos con más o con menos cariño. Solo hablando con intención de escuchar seremos capaces de evitar el trago del adormecimiento y la laxitud. Ese veneno que emponzoña el sistema de libertades y derechos que nuestras profesiones tienen la obligación de abanderar por encima de lo personal. No es utopía. Es compromiso.

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