Columnismo

Peso pluma

Ansiedad, como la canción

19.11.2016 @PrincesaOnAir 4 minutos

Me dijo que no vendría pero vino. Vino a helarme las manos y a secarme la boca. Vino a acelerar mi corazón y a ralentizar mis pasos. Porque el miedo paraliza y ella lo trae de la mano: ansiedad, qué  compañía más verraca.

¿Qué tomarás para ser tan fuerte? Supongo que te alimentas de la misma ilusión con la que hago crecer mis sueños, que son grandes. Imagino que respiras del aire de mis temores. Estoy segura de que palpitas al ritmo de mis ganas atropelladas. De mi impaciencia loca. De mi rabia, contenida solo a ratos.

Ay, bicha mala. Roedora de azúcar y cafeína. Eres mal generalizado pero cómo te cebas en el mundo frío de la lucha por la exclusiva. Que si, no la ocultes. Está ahí. Es muy escaso el porcentaje poblacional (especialmente el plumilla) capaz de dominar este impulso de la naturaleza de nuestra actual anti-vida. Aunque el yoga siga estando de moda. ‘Na-mas-te’ digo eso.

Venga. Corre que te corre...¿hacia adónde? No me extrañaría llegar cualquier día a los estudios de la radio preguntando por el veterinario. Por el mío. Porque, vistos los últimos resultados electorales -así, en general, en el globo terráqueo- yo me declaro animal y me doy de baja como persona. Me afilio a cualquier manada y que gobierne el más fuerte. Que, al menos, servirá para acarrear algo. Y en la selva, creo que se lleva más la ‘slow-city’, que de ‘smart’ estoy ya que crujo.

Yo me quiero bajar de las prisas. Pero, mira, que no puedo. “Y qué no falten”, me dicen como bienaventuranza. A temblar me echo. Porque la falta de actividad es el pseudo-mal en el imaginario colectivo. Y la hiperactividad se ve que es fantástica. Iba a decir que políticamente está bien vista. Pero no. Políticamente, no. Políticamente, actividad cero como la tolerancia.

La ansiedad va unida a nuestro nuevo concepto del tiempo. Del no-tiempo. Nunca tenemos tiempo para nada. ¿Hay mayor negación? Es negación de la vida. Sin tiempo, no hay vida. Es muerte. Y, peor aún, muerte en vida. Y muerte en vida mientras piensas que vives a tope. ¡Échale guindas!...a mi pavo filosófico.

Pero -agárrate – que, cuando parece que tienes tiempo, llega el agobio porque crees que no lo estás aprovechando. ¿Te pasa? Aprovechar el tiempo es incompatible con la idea de dedicar dos horas de conversación tranquila para hacer una entrevista. Por ejemplo. Ya no te quiero contar si estás tomando un café sin achicharrarte la lengua para idear un próximo reportaje. Eso es improductivo. Piénsalo en el almuerzo, al ritmo del engulle que es tarde.

La ansiedad es consecuencia del no-tiempo. De la creencia del no-tiempo. Me pregunto tantas cosas. A ratos me planteo: ¿hay profesión más generosa que la del periodista? Y claro que me vienen muchas a la cabeza. Pienso en el gremio de la medicina. Siempre suele decirse aquello de que “regala vida” (tópico titular manido de reportaje de domingo). También en el sector de la seguridad, que garantiza sosiego. Y, sin entrar en competencias absurdas, ¿qué hay del periodista? Te regala respuestas, vida consciente de tu alrededor, en definitiva. ¡Qué poco valorada esta hazaña! La tarea de absorber esa ansiedad social generalizada y transmutarla en noticias. Es curioso ese trastorno nervioso de una audiencia que quiere saber constantemente cada sinsentido que acontece para no inmutarse ni una milésima de segundo por actuar para evitarlo.

El tiempo lleva su propio reloj. Y la ansiedad, lo adelanta una y otra vez. La combinación es explosiva. Un cóctel molotov que hace que cualquier pensamiento se dispare hacia la obsesión del dejar la acción para después porque es tarde, mientras te centras en la supuesta prioridad y te dispersas. Y más acumulas, y más te estresas. Y la lista de la compra, pendiente mientras que los bienes escasean.

Me he comprado un libro para aprender a organizarte y aún no he sido incapaz de encontrar el tiempo necesario para leerlo. Para empezar a leerlo. Menos mal que si lo encontré para escribir este artículo. El problema de la ansiedad es serio, colegas. Y así nos luce la melena. Y lo dejo aquí, que no para de pitar el WhatsApp. Y han saltado varias notificaciones de Facebook. Y no he contestado al correo ni a las tres llamadas perdidas. Que la vida virtual da la vara pero bien que nos la han colado como parte de nuestro trabajo real. Y bien colada que se ha quedado. Anda, respira, que al menos la tarea de leer este artículo ya se acaba. Y si, se te acaba; pero aún queda vida.

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