Columnismo

Peso pluma

Autoayuda extra

16.04.2017 @PrincesaOnAir 4 minutos

Sanas y salvas. Así llegaron a su destino las 140 personas que componían tripulación y pasaje del Boing 737 que aterrizó esta madrugada en el aeropuerto de Jauja, en los Andes peruanos. Entre ellas, viajaba el delantero de la selección peruana de fútbol Paolo Guerreno. El avión comercial, de la aerolínea Peruvian Airlines, cubrió la ruta Lima-Jauja sin incidentes, según ha informado la compañía en un comunicado. “Nuestra satisfacción es absoluta. Hemos llegado puntuales, a la hora establecida, y sin consumir más combustible del previsto”, ha declarado su gerente.

No seguiría leyendo. Quizá ni siquiera habría comenzado a leer una noticia que podría titularse “completado vuelo regular entre Lima y Jauja”. Sin más.

Y estamos ante un tema humano, de interés humano y general incluso por tratarse de 140 personas. Consecuente, por tanto. Que podría prestar un servicio público a quienes tengan dudas a la hora de subir al avión al saber del éxito de este aparato en su trayecto.

El texto de la entradilla que me acabo de inventar es breve y claro. De ser cierto y publicado en su momento, también actual y oportuno. Por supuesto, veraz. Sin dudas, verosímil. Próximo, si el medio en el que se inserta es peruano o sudamericano. Prominente, si consideramos conocida la figura del futbolista integrado en el pasaje.

Pero, ¿dónde carajo está la novedad? De acuerdo con el texto, no parece que sea la primera vez que se cubren estos puntos terrestres vía aérea. Ni que sea la vigésima séptima vez que se hace y todas las anteriores hayan sido un fracaso estrepitoso. Tampoco que el futbolista viajase de incógnito con una peluca disfrazado de ‘drag queen’. ¿Qué diferencia entonces a este vuelo de los tropecientos mil que pueden hacerse en este o en los diferentes puntos del mundo a los que se puede viajar en avión? Efectivamente: nada. Absolutamente nada.

¡No importa! Hay que publicarlo. Porque ES UNA NOTICIA POSITIVA. Uf. Una rotativa se ha parado en algún punto del universo para no volver a imprimir un periódico jamás. O una linotipia se ha oxidado hasta la auto-destrucción en algún museo del mundo... o han convencido a algún inocente aprendiz de periodista para que se haga autónomo después de su beca renovada durante tres años para escribir artículos, publicarlos en Twitter, hacer fotos y realizar su propio Facebook Live mientras completa su tarea... ¡ah, no! Eso no. Eso se hace igual, independientemente de que algún gurú de la información hable de NOTICIAS POSITIVAS.

Por favor. ¿Alguien puede explicarme de qué estamos hablando?, ¿es posible que Míster Wonderful sea el nuevo Rupert Murdoch?, ¿tan lejos han llegado los cuentos de Bucay y los memes de Coelho?...

Pensemos fríamente. Solo por un instante. El día que todo sean noticias positivas, más allá de vendedores de cupones que se guardan para sus clientes habituales billetes premiados o esos alienígenas que devuelven fajos de dinero sin saber de quién son,  será el día en que el mundo se irá a la mierda. El fin. Porque entonces, lo habitual será lo negativo. En serio, que no es tan difícil de comprender.

Que sí. Que me encanta leer sobre tecnología que nos facilita la vida a la par que embrutece nuestro raciocinio hasta necesitar la calculadora para saber cuánto papel higiénico hace falta en el baño. También adoro conocer descubrimientos médicos y farmacéuticos. Por supuesto: ¡claro que desearía dar la noticia de que se ha encontrado la cura contra el cáncer! Pero, mientras estos hitos se producen y los publica Science, los hechos que sobresalgan en nuestras vidas cotidianas y que publiquen los medios han de ser forzosamente negativos.

Claro. Habrá buenas noticias. Porque tampoco será común que amanezca un mendigo aseado y con sábanas limpias y un bocadillo de jamón serrano en su cajero-dormitorio gracias a un alma caritativa. Pero es que el día en que la noticia sea que amanece ileso sobre su cartón... significará que lo normal es que se les prenda fuego. Es gore. Lo sé. Pero descriptivo.

Las afirmaciones han llegado demasiado lejos. El positivismo es maravilloso, pero es que, en periodismo, lo positivo es que el positivismo no se imprima. No se retransmita. No se difunda. Siempre y cuando hablemos de noticias. Que impregne crónicas y reportajes. Que se quede a vivir en las columnas de opinión, para ser divulgado. Y, por siempre, sea inmortal en las viñetas. Pero dejemos a la actualidad que escoja por sí misma y recemos para que no nos eleve a titulares lo que siempre será mejor que se quede en breves.

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