Columnismo

Peso pluma

Caracoles de Navidad

03.12.2016 @PrincesaOnAir 3 minutos

Las serpientes de verano tienen fama. Son un fenómeno internacional. Ya sabes, este no es un artículo sobre fauna sino sobre flora periodística. Porque las serpientes de verano son ese ramillete de noticias que florece en período estival como consecuencia de la aparente sequía de información relevante. De lo que no se habla es de los caracoles de Navidad. El mismo fenómeno, invernal.

Caracoles. Los que salen cuando llueve, como estos días, con Málaga en plena alerta naranja. La lluvia siempre es noticia, aunque la tormenta se prolongue durante diez días. Cada uno de esos diez días será noticia y los boletines informativos te advertirán de que es mejor llevar paraguas, te informarán de que los embalses se han llenado, de que hay atascos de tráfico y de que las alcantarillas una vez más han estallado en géiseres urbanos.

El clima siempre es un buen recurso cuando no hay nada de que hablar. Como en el ascensor. Así que, cuando salga el sol, no te sorprendas: también será titular. Ya sea invierno, otoño, primavera o verano. Y aunque el sol, en Andalucía, salga prácticamente todos los días. No importa. Abrirá portadillas de sección y portadas. La información intrascendente tiene sus ventajas. Antes, para saber si hacía frío, te asomabas al balcón. Ahora, desde la cama, consultas las temperaturas a vista de titular tuitero.

No son las nubes los únicos caracoles navideños. Que si, que ni siquiera es Navidad todavía...oficialmente. Pero ¿a qué ya te agobia no haber comprado aún los regalos? Si ese estrés te persigue: disfrutas de la luminosa época del mazapán. ¡Y los caracoles!.

Porque, ¡caracoles! Abres un periódico y hay informaciones que más que actualidad latente, son historia viva del periodismo local. En Málaga, es un clásico el eterno conflicto entre trabajadores y gestores del servicio público de limpieza (este año, calma chicha por ahora); el gasto en iluminación, cuando es Navidad (el equivalente al botellón ferial, en agosto); las interminables obras del metro y sus constantes retrasos; la jubilación política de Francisco de la Torre; cualquier peatonalización de alguna céntrica calle; el soñado auditorio de la música, que suena cuando menos se le espera, y el museo de La Aduana, que de tan anunciada su apertura, va a parecer mentira que realmente se produzca el próximo 12 de diciembre.

Son algunos ejemplos de caracoles navideños. Pero hay más. Multitud. Y, ojo, que en sí mismos, no son temas intrascendentes. Pero se emplean siempre por estas fechas aunque no exista absolutamente ninguna novedad que aportar sobre ellos. Y cansa. Pero, todos y todas, plumillas, hemos firmado artículos de esta índole. ¡Hay que rellenar tiempo y espacio, lectores! Y es más difícil hacerlo si se habla de la escandalosa tala de árboles en la ciudad. El razonamiento director es claro. ¿A quién le importa un árbol que no sea de Navidad en estas fechas? Total, sólo dan sombra y oxígeno. Y los de plástico no envejecen.

Rellenar páginas, qué triste. Quizá haya que replantearse este formato inamovible. El del diario en papel. Quizá, por qué no, también el del boletín radiofónico y televisivo. Aunque, lo que realmente me parece urgente no es innovar en el continente, sino el contenido. En su enfoque. Porque, ¿de qué sirve si todos los medios hablan de lo mismo, desde idéntico punto de vista, sin análisis de pasado ni perspectiva de futuro?.

Me paro aquí porque este asunto me da para próximo artículo en este medio que, en honor a su nombre, me permite girar el anverso de la actividad periodística para buscar su reverso. Y, claro, en pleno caracol en tan extensa Navidad, no me atrevo a gastar varios temas en un mismo texto. ¡Qué ya saldrá el sol! En el ascensor y en tu quiosco. Aunque, a veces, sólo seamos capaces de verlo a través de la pantalla del móvil. Ay el ‘scoop’: descanse en paz.

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