Columnismo

Peso pluma

Carta de ajuste

28.05.2017 @PrincesaOnAir 3 minutos

Una esponja y una cerda rosa son lo más digno que encuentro en televisión ahora mismo. Tropecientos canales que desembarcaron en nuestras casas con la llegada de la Televisión Digital Terrestre y ¡vaya chasco! Más de lo mismo, multiplicado. Veo exactamente lo que veía hace años. Con peor gusto y con la diferencia de que ahora tardo infinitamente más en encontrar el canal. Si. Me confieso. No los tengo ordenados. Total, apenas enciendo la tele.

Algún partido de tenis en Todo-Deporte. Alguna retransmisión de comisión o sesión de control del Congreso en el canal 24 horas de La Primera. Por ver qué chorradas dicen. (Soy una friki. Lo sé). Alguno de esos reportajes de Documentos TV, que termino viendo vía web porque se emiten muy tarde. Por cierto, ¡qué decepción tan inmensa me llevé con Informe Semanal! Y, por qué no reconocerlo, los debates locos de Cuarto Milenio. Al menos, están bien producidos. Poco más salvo de la caja cada vez más tonta, sinceramente.

El trabajo de los informativos ocupa todo el día para algo más de media hora. Lo alabo. Admiro a mis colegas. Porque lo he vivido desde dentro, sufriéndolo y disfrutándolo al mismo tiempo. Pero me gusta hacerlo, no verlo. En este renglón salvaría ciertas firmas. Pero, en ningún caso, a ninguna emisora en concreto. Rara vez comparto la selección de los temas. Generalmente, el enfoque de los contenidos me aburre. Es previsible. Prefiero la radio.

Las entrevistas de Jordi Évole me interesan siempre aunque hecho de menos, y mucho, a Jesús Quintero. Me interesan todas las entrevistas siempre, por cierto. Porque, sin ánimos bélicos, hasta al enemigo hay que conocerlo. Menos escándalos y más apertura mental. ¡Qué últimamente se legitima o deslegitima a golpe de tuit!

De series, prefiero no hablar. Es que no las aguanto cinco minutos. Echo de menos un buen culebrón sudamericano de sobremesa visto con ojo crítico -son, en general, altamente machistas, clasistas y hasta racistas-. Pero las sobreactuaciones me hacen reír a carcajadas.

Los concursos me agotan. Ya no paso palabra y me suenan todas las caras. De los ‘realities’, sinceramente prefiero no hablar. ¿Qué hemos hecho para merecerlos?

Las primeras citas de Cuatro pueden resultar interesantes desde el punto de visto sociológico. Claro, que la muestra del personal está -de seguro- seleccionada especialmente para generar minutos de oro. Por ello, soy más de irme sola a un bar y observar las mesas de mi alrededor. Es más divertido. Y analizo la fauna andante y me analizo como animal a mí misma, mientras me tomo un batido de chocolate. O un gin-tonic, si el panorama se pone surrealista y la lactosa se me atraganta. A veces ocurre.

Lo dicho. Me quedo con Bob Esponja y Pepa Pig, a falta de tiempo para buscar los dibujos de mi época. Yo los encuentro planos pese a las tres dimensiones. ¡Donde se ponga Heidi que se quite Dora! Las comparaciones son odiosas, especialmente si me da por juntar en la misma frase a La Panda de Julia y a La Patrulla Canina. Y no, no soy madre ni hay infantes por casa. Quizá la niña pequeña sea yo. Y, visto lo visto, prefiero no crecer.

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