Columnismo

Peso pluma

Con el seto hemos topado

11.06.2017 @PrincesaOnAir 3 minutos

“Corre. Hace apenas dos horas. Ha sido un soplo de la policía. Un vecino ha matado a otro con una sierra mecánica. Sin querer. Al parecer, solo trataba de ayudarle a podar un seto. Pero se le ha ido la mano y le ha cortado un brazo. Ha ocurrido en Calahonda, en Mijas. No sabemos el número”. Y ahora, lo mejor. Ahora viene el encargo: “encuentra el seto”.

‘WMF!’... digo por darle dimensiones planetarias y lenguaje urbano a mi impresión y queja. Por respeto a la lengua cervantina añadiré la traducción más elegante: ¿dónde te acaban de dar la pedrada? Pues sí, mis adorables principiantes en estas lides periodísticas, ¡sorpresa! A los supuestos guardianes de la verdad, en ocasiones, les patina el intelecto. Se visten de rastreadores del titular que ya ha impreso la rotativa de su mente y juegan a ser Sherlock. Con la única diferencia de que el trabajo sucio lo haces tú. Y no importa si es, literalmente, imposible. Total, desde la poltrona, todo lo que se ve es campo.

A ver, ¿cuántos residentes puede concentrar toda una urbanización como Calahonda?, ¿7 000?, ¿8000? Probablemente, casas haya más, porque la mayoría son viviendas vacías de veraneantes que no se han molestado en censarse en el municipio ni les interesa hacerlo. Bien. Pues en una de ellas, ¡una! -por lógica en un jardín privado- está el dichoso seto donde un señor taló un brazo a otro. ¿Me podéis explicar cómo se encuentra eso? Y lo que es mejor, ¿qué puñetero interés tiene y qué aporta a la noticia la imagen del seto?

Por supuesto que encontré la casa. Si hay algo a lo que se acostumbra rápido quien ejerce el periodismo es a transformar en realizables los irrealizables (Ojo, que esta asignatura no está incluida en el plan de estudios actual. Es un taller de magia Borrás, que tienes que hacer aparte). Véase hacer un estudio sobre demografía en Olías con cuatro datos en media hora o escribir un reportaje monográfico de dos páginas sobre la frenética actividad física de la petanca, con un par de declaraciones de dos venerables señores con frenillo y dentadura postiza a los que solo les has entendido mascullar “me entretengo” y “estoy con los amigos”. De políticos, ni hablemos. Desde escribir sobre la inauguración de un paso de cebra a relatar un proyecto de esos de humo de los que ni se sabe bien de qué va, ni la fecha en la que comienza, ni cuánto dinero costará.

Por supuesto que fue imposible saber cuál era el dichoso seto. Lógicamente, como imaginaba, pertenecía a un jardín privado y tapiado. No, no me jugué mi integridad física, como en otras ocasiones, colgándome de la tapia. Porque, ¡atención!, me confieso: lo he hecho. Pero, en cuanto te das cuenta de que hay ciertos responsables de medios de comunicación que se convierten en auténticos "nerones" de su propia Roma y son capaces de pegarle fuego al planillo... solo entonces tienes dos opciones: o te contagias y te vuelves tan rematadamente loco como ellos; o les escuchas, respiras hondo y contestas, siempre y con calma, un tranquilizador “estoy en ello”.

Yo abogo por la segunda opción. La primera entraña sus riesgos, no solo para la salud mental, también para la vida personal. ¡Olvídate de ella! Vivirás estrictamente para elaborar teorías de la conspiración, dejar tirada a tu pareja hasta quedarte sin ella, renunciar a la sana amistad y ver tigres de bengala donde solo hay lindos gatitos. Lo que viene siendo perder la cabeza. Que un ligero toque de locura en la vida está bien, pero este nivel de distorsión de la realidad solo puede dar... ¡los informativos que tenemos! Así que, cuídate si empiezas a buscar el seto. Pero, sobre todo, ve al médico si llegas a encontrarlo.

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