Columnismo

Peso pluma

Confesiones de una periodista aburrida

07.05.2017 @PrincesaOnAir 3 minutos

La realidad me aburre. A ratos me cansa y a ratos me indigna. Pero, cansada o indignada, me produce bostezos. Últimamente, siempre pasa lo mismo. Siempre nos cuentan que pasa lo mismo. O, al menos, tengo yo esa sensación.

Es un bucle, como las estaciones. La realidad se ha vuelto más previsible que una película porno. Siempre las mismas jetas follándose los mismos culos.

Ahora, toca un escándalo que ya no escandaliza a nadie. Después, vienen las ramificaciones que suben hasta las responsabilidades más altas. Nadie sabe nada. Nadie dice nada. Nadie dimite. No me acuerdo y no sabía lo que hacía.

Asesinato machista un día sí y otro también. Bla, bla y bla, en tertulias y debates. Algún o alguna imbécil que saca el tema de las denuncias falsas. Y vuelta la burra al trigo. Una manifestación. Que sí, que hay que hacerla, ¡pero leches! Llega el juicio. El paralelo y el perpendicular. Y el corrupto absuelto o insolvente. El asesino encerrado mientras el machismo queda libre y sin cargos. La muerta, al hoyo. Chimpún.

Que sí, que se ha mejorado mucho la forma de contarlo para enganchar con la ineptitud reinante. Y hay capítulos con sus tramas y todo. Muy culebrón. Mucho culebrón. Amarillo, muy amarillo.

¿Será cosa mía? Igual me he agotado de pulsar en titulares que solo generan falsas expectativas. Influye también saber de antemano lo que va a responder Rajoy a cualquier pregunta, sea la que sea, y lo que seguidamente le van a reprochar Iglesias o Rivera... ¿Será que ya sé cuál será el siguiente autobús al que los medios se subirán?

El margen de sorpresa se ha estirado tanto que se ha roto. El umbral del dolor ha traspasado la puerta hasta sacarnos de quicio y por la ventana. ¿Que por qué bebe más la población juvenil sin beca, sin trabajo, sin casa y con un billete de avión para emigrar por si acaso? Debe ser una pregunta retórica. Y ahora el ser ilustrado, el de las denuncias falsas, preguntándose qué de dónde sacan el dinero para el alcohol. ¡Ojú! ¿Y esta criatura también vota?

Oigo, leo o veo a golpe de polémica, mientras dudo de quien cuenta una supuesta información, de quien la protagoniza, de quien la filtra y hasta del soporte que la publica (incluido el papel físico). Y, peor aún, ya solo puedo diferenciar una noticia supuestamente auténtica de su parodia, cuando detienen a su autor. Por bromista.

Dadme una razón para que no me aburra y que no sea Netflix, porque quiero volver engancharme a la realidad. A esa que era apasionante, que alternaba preguntas y respuestas. Que hasta era veraz y parecía verosímil. Que se podía discutir y no estar de acuerdo. Con argumentos con sentido. La que al menos no engañaba descaradamente desde el titular.

No me resigno a perder la esperanza. No me cruzaré de brazos, pese al aburrimiento. Y, aunque la realidad me llame para escribir y yo no le coja el teléfono, jugaré a inventármela en ficciones utópicas que lucharé por convertir en titulares asépticos.

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