Columnismo

Peso pluma

Dos a cero

09.04.2017 @PrincesaOnAir 3 minutos

Recorres toda la banda de zonas comunes desde tu portería, regateas hasta zafarte de un grupo de vecinos, atraviesas el umbral de tu casa, alcanzas la cama y en pleno área de descanso... ¡gooool!

Sobresalto, desconcierto... ¿hoy también había fútbol?

No. No hace falta que enciendas la radio o el televisor. El fútbol siempre está ahí, presente en tu vida. Aunque no te guste ni lo elijas. Es ese hilo musical latente, ese sonido perenne en forma de retransmisión u onomatopeya. Pase lo que pase. Digan lo que digan. Maten a quien maten. La democracia debe de ser eso.

No soy mejor persona porque no me guste el fútbol. Está claro. Que también a mi me agotan estas mentes preclaras que pretenden que a todas las personas nos gusten las mismas cosas: las mismas cosas que estos seres ‘de élite’ establecen. Que ni el orden natural del universo se rompe ni los chacras se desalinean por comer un día una hamburguesa pringosa o bailar a ritmo ‘pachanguero’. Incluso por hojear el Hola en la peluquería. De verdad, no pasa nada.

Y, lo siento, pero el fútbol entra en esta categoría. Hace tiempo que dejó de ser un deporte y copó todas las parrillas televisivas, escaletas radiofónicas y planillos periodísticos. Es un ingrediente más de la cultura de masas que amasa a todas las demás culturas y se las lleva por delante. Las engulle. Una pena. Atención, que todo esto lo escribo mientras el Málaga apalea al Barcelona en La Rosaleda. Que se supone, como malagueña, debería sentirme súper orgullosa y tal. Sin embargo, veréis, llamadme rara pero no he notado que me embargue un sentimiento de plenitud sublime ni me suba la bilirrubina.

Podría extenderme en muchos planos. Porque tanto ha dado de si el balompié, que habría que cambiarle el nombre hasta copar todos los órganos y sentidos físicos, institucionales y mediáticos. Ya no es balompié. Es 'balón-cerebro'. Madre mía, ¡cómo golpea la pelotita a nuestras mentes hasta lobotomizarlas. Me quedo en el plano mediático.

En el mero plano mediático me quedo. No entiendo que el fútbol sea siempre noticia. Y noticia de apertura. Más allá de los medios deportivos. ¿Por qué?, ¿qué aporta o en qué afecta a nuestras vidas? Por supuesto, más allá de las emociones que, entiendo, pueda despertar y que me parecen maravillosamente legítimas y hasta necesarias. Pero esto es como comprarle un tambor a un niño para que se distraiga porque está triste. Luego, te arrepientes a golpe de baqueta. Y ahí tienes a Manolo, el del bombo. Con todo mi respeto y cariño al señor en cuestión.

El caso. Que aquí la tercera guerra mundial estalla y estoy convencida de que, como coincida con derbi o clásico, aquí no se entera ni el apuntador como no tenga cuenta de Twitter y siga a determinados perfiles. Siendo así, no me extraña que los medios tradicionales compitan con las redes sociales cuando, en aspectos como este de información de relevancia, les superan con creces.

Dos a cero, acabo de oír. Desde luego. Dos son el pan y el circo. Cero, el interés.

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