Columnismo

Peso pluma

Esto no es una carta

03.12.2017 @PrincesaOnAir 3 minutos

Llevo doce años empezando de nuevo. Es una relación difícil. No me deja, no le dejo. Le quiero tanto como le odio a ratos. Me lleva a la cima para dejarme caer luego. Y herida, desde las faldas de la montaña, vuelvo a escalar. Así, una vez y otra. La primera, sin protección ninguna. La segunda, con el arnés puesto. La tercera, con casco… y, poco a poco, creo que he logrado hacerme con el equipo de protección completo. Las hostias duelen lo mismo, pero se trata de no morir en el intento.

No se me ocurre mejor forma de describir mi trayectoria profesional, mi relación con el periodismo, que, según compruebo, comparto con muchos y muchas colegas. Ahí, siempre con un dedo sobre una piedra que parece segura, haciendo equilibrio. Por amor, siempre por amor. También por costumbre o prestigio. Nunca por dinero.

No estudié Periodismo como quien hace unas oposiciones. Sabía que no habría boda, que sería una aventura. Es lo que quería. Si elijes esta carrera es porque precisamente te va la marcha, te gusta el movimiento. No buscas una plaza fija, huyes de la rutina porque quieres sentirte viva todos los días. Nada de ataduras ni compromisos para siempre.

Podría estar en Lima, en Bruselas o Seúl. Puedo estar mañana, si allí me requieren o si busco la oportunidad para ser requerida; pero sobre todo querida. Porque ni el riesgo ni el movimiento me preocupan. Mucho menos lo que dure el idilio con ese medio en concreto; que, al final, me supone ponerle un nombre distinto para un amor que es el mismo.

Lo que ya no permito es que no me quieran. Dure lo que dure, cueste lo que cueste y sea donde sea, mi amor merece amor. Y, profesionalmente, ese amor se traduce en dinero. Pero no solo en dinero, que hay muchas formas de pagar el conocimiento, la experiencia, el esfuerzo y el tiempo.

Que no me hablen de duración del idilio, llamadlo contrato. La cacareada estabilidad que ya no podemos ansiar. A mi que me hablen, sobre todo, de las condiciones. ¿Son dignas? No, no elegí periodismo para forrarme. Pero tengo la costumbre de respirar, de comer, de dormir, de vestirme. Y resulta que no lo regalan en una ventanilla perdida por ahí, que se paga.

La mediocridad de quienes te ven como competencia dentro del mismo gremio debería ser un extra en el sueldo; pero no aspiraré a demasiado. Solo a lo que me corresponde. Que mi amor, que es mi trabajo diario, genera dinero. Más o menos. No fui yo la que ideé ni elegí el modelo de negocio. Pero si una herramienta fundamental para que funcione. Sin periodistas de verdad es cuando se va al carajo el invento.

Y, mientras tanto resulta que vivir no es gratis. Y si tengo una oportunidad para querer, aunque sea un rollo de verano -llamémoslo prácticas-, quiero sentirme querida porque a mi el tiempo invertido no se me devuelve. Nada de limosnas de besos traducidas en firmas.

Después de escalar y escalar, ya me ha quedado claro que la cima no es el éxito. Que el éxito es no volver a caerse porque sepas agarrarte a quien de verdad te merece. Llamadme loca, pero ya no quiero a quien no me quiere.

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