Columnismo

Peso pluma

Felices titulares de tu vida

31.12.2016 @PrincesaOnAir 4 minutos

No hay deseos. No hay lista. Hay un último día que se escapa. Apenas horas. Porque el reloj de 2016 se queda sin arena y sus agujas se derriten como en un perfecto sueño de Dalí.

¿Nos dormimos? ¿Dejamos nuestras pretensiones en los laureles al segundo día del régimen de propósitos impuestos? Quizá si. Y ahora toca despertar para elaborar una nueva dieta. Para bajar kilos de grasa en el cuerpo. Para subir kilos de materia gris en la mente. Para mantener kilos de ánimo en el ánima. Un ‘dèja-vu’ del sometimiento.

No me gustan las promesas de año nuevo. Prefiero los compromisos, los objetivos. Puedo evaluarlos. Ay Merkel. Ay Lagarde. Dos mujeres y un látigo. Cuánto habéis influenciado mi débil autoestima con vuestro cuento de la productividad, con el que sacudo ahora mis días, esos híbridos que entresacan a la persona entre medias de la profesional. Por vosotras, ya no aspiro a ser gato. Seis vidas más, ¡qué locura!

Tengo una primicia. Este 2017, seré noticia. Procuraré no ocupar la sección de sucesos. Saltaré a las portadas de nacional del auténtico diario que me importa: el que escribo desde que tengo siete años, el de mi vida. Porque seré protagonista y periodista de mi propia historia. Sin testigos ni intermediarios.

Redactaré mis avatares entre cafés madrugadores y vinos de madrugada. Fotografiaré cada paisaje a cinco columnas. Y me mancharé de tinta cada vez que sonría o que llore.

Cuidaré la fe de erratas, por honestidad conmigo misma. Y apostaré por publicitar al pequeño y privado en detrimento del grande y público. Amarres, los mínimos. Solo con mi público. Con quien me lee y me ve. Con quien me sigue. Con quien me quiere.

Publicaré a todo color, pero evitaré los amarillos. Quiero sensaciones, pero no sensacionalismos. Las confesiones liberan. Las explicaciones oprimen. No deseo que me entiendan. Solo que no me juzguen.

Intensidad a las negritas. Fuerza a las capitulares. Motivos a cada golpe de tecla, para que no decaiga la fuerza del texto y haya que rescatarlo en ladillos y sumarios. Que no busco resúmenes. Que prefiero olvidar datos pero seguir soñando con emociones.

Menos pensar. Más sentir. Que el romanticismo no se quede en los anuncios de San Valentín. Que yo quiero amor todos los días. Pero sin corazones ni tartas. Sin que El Corte Inglés me venda nada. Solo con palabras y hechos sinceros. Con ojos limpios. Con hartas ganas.

Y que la amistad se pose en cada pie de foto de mis días, para que tenga sentido lo que veo. Y que mi familia sea la plantilla que me mantenga coherente. La maqueta será la educación que me dieron mi padre y mi madre. Que las formas siempre fueron cruaciales. Y cada editorial, una nueva impronta de valores que permanecen, que no se comercian, que prevalecen.

Abrir mi mente al mundo, cada primera página de internacional. Mantenerla abierta con las informaciones que no salen de nuestras fronteras pero que a veces escapan a nuestras entendederas. Aumentar las páginas dedicadas a la cultura, con el ocio ligado a ellas. Sin programaciones. Con la improvisación como redactora jefe.

He de no olvidarme del salmón más allá de la cena para tener presente mi economía. Para compartir lo que gane pero también lo que pierda. Las penas con pan serán menos. Las risas sin compañía serán cero.

Que los obituarios sean los justos y necesarios. Sin sobresaltos. Que no sea espectadora de los deportes, sino practicante. Que me ría de la opinión aunque la comparta. Que sea capaz de interpretar esas recetas y hacer de una vez esa puñetera tarta.

La periodicidad puede ser diaria, semanal o mensual. No la marcará el calendario. La marcará mi sangre cuando hierva o se congele. Los minutos y los segundos serán conscientes, sin cronómetros ni alarmas. El orden habitará en mi agenda por operatividad. Pero no cabalgará por encima de mi pasión ni mis fuerzas.

Si. Seré noticia. Lo sé. Porque no hay quién mejor que yo para saber qué, dónde, cómo, cuándo y por qué. Y lo más importante, porque solo yo puedo darle un para qué. El 2017 tendrá su para qué propio. Solo revisando mi particular hemeroteca personal, seré capaz de descubrirlo. Mi compromiso será uno y será escribir. Porque es mentira. El papel no lo aguanta todo cuando son los propios ojos de quien lo ha escrito los que lo miran.

 

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