Columnismo

Peso pluma

La ‘cancerbería’ mayor del reino de la información sectaria

08.10.2016 @PrincesaOnAir 3 minutos

No puedo facilitarte esta información. Y hasta aquí el curso a distancia de responsable de prensa de institución pública en España. El curso Acme incluye otros temarios básicos que encontrarás en el argumentario político del partido que, en concreto, gobierne la administración de la que serás portavoz ante tus ex colegas. Y digo ex porque dejarás de ser periodista desde el minuto dos de tu nombramiento de confianza para pasar a ocupar un cargo mucho mayor: el de cancerbero o cancerbera mayor del reino sectario de la información sectaria.

Suena genial. Tendrás tarjetas. Y no es difícil, aunque si un trabajo desagradecido de cara a la opinión pública. Te van a poner a parir nada más te des la vuelta en los corrillos propios de pasillo previos y posteriores a las ruedas de prensa. Y hasta en las tertulias retransmitidas. Pero, tal y como está de mal pagado el oficio de plumilla, es poco peaje. Más bien, es todo un premio. Una distinción que se erige como la ansiada jubilación anticipada de periodista multimedia que ha sufrido la calle y el mandato de la dictadura suprema que se olvidó de ella.

Tu monosílabo favorito será “no” y periódicos, revistas, emisoras de radio, canales de televisión o portales informativos pasarán a quedar divididos entre medios amigos y enemigos. No hay más. Porque, ya lo sabes: la imparcialidad no existe, eso es así; pero la honestidad personal tampoco. Y, dejémonos de rodeos, que lo único que quieren quienes, hasta ahora, eran tus colegas, es hacerte la puñeta. Por eso preguntan lo que preguntan. Porque les paga tu rival político. Menos mal que siempre está ahí el panfleto amigo bajo cuerda.

A mi, fíjate, una vez se me ocurrió preguntarle un dato a un técnico municipal. Si, así a lo loco, sin pasar por tu filtro. Vivo al límite. Quería saber cuántos colegios había en el municipio donde trabajaba para la típica información de apertura del curso académico. Y, menos mal, qué susto. Estaba bien adoctrinado. Me contestó que no me podía facilitar esa información. ¡Bravo! Que tendría que hablar con la concejala y con el gabinete de prensa. Imagínate, qué imprudencia si me llega a decir que son veinte. O que son treinta. Una locura.

Me asombra, como periodista, la capacidad para ocultar la información pública. Porque trabajas para una institución pública y no para una corporación privada. Es magistral. Pero aún más me fascina el dominio para tergiversarla. No digamos ya en tu propia mente. Porque, señoras y señores, el cancerbero o la cancerbera mayor del reino de la información sectaria llega a ser más papista que el papa. Y lo que dice su alcalde, su presidenta del gobierno autonómico o su presidente del Ejecutivo va a misa. Y no hay más que hablar. Y te lo sostienen, cubata en mano, cuando algún que otro día se digna en quedar con sus ex colegas.

Recuerdo que, cuando estudiaba Relaciones Públicas en la carrera, pensaba que el cargo de responsable de prensa en cualquier gabinete -especialmente en los de las instituciones públicas- estaba destinado a favorecer el trabajo de mis compañeros y compañeras más allá de velar por la imagen pública del órgano al que represente. Qué ilusa. Hasta llegué a pensar que la conciencia crítica permanecía intacta. Y que la labor de defender los intereses públicos era compatible con la simpatía. Supongo que son demasiadas presiones.

No es así. Hay que recurrir a la excepción para confirmar la regla. El cargo de responsable de prensa de la administración que paga toda la ciudadanía es el de cancerbero o cancerbera mayor del reino de la información sectaria. Un perro (o perra) de tres cabezas -sumisión, inflexibilidad y cobardía- que vigila la puerta al infierno del mamoneo público. ¡Ay, colega. Y cómo huele a quemado desde fuera!

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