Columnismo

Peso pluma

Natural, como la vida misma

19.11.2017 @PrincesaOnAir 2 minutos

Te levantas, enciendes el ordenador y miras la agenda mediática. Nada. No había nada. Apenas una convocatoria: unas jornadas sobre el agua (ya no recuerdo si era o no agua reutilizada).

Un día tonto; pero, sin quejas. Esas jornadas son las que me gustan, las que te permiten hacer periodismo de verdad. Hablas con unos y con otras, preguntas y te dedicas a subrayar en tu mente alguna respuesta que te permita tirar del hilo en algún registro de la propiedad, en Hacienda o en algún juzgado. Todo se andará, sonrisa en cara y grabadora en mano.

Pues acudía yo a la cita con mi melena al viento, oliendo a misterio y a necesidad… la de desayunar. Había salido tarde de casa y ni cafeína me había inyectado en vena ¡Menos mal que había bufé! En serio, no concibo una convocatoria absurda de este tipo sin sus cruasanes y sus zumos de cartón en jarras de cristal. ‘Postureo’ del bueno. Total, las administraciones públicas nos invitan a estas cosas para que veamos que hacen algo, para promocionar unas cuantas marcas privadas a las que contratan siempre descaradamente y para tener al universo plumilla entretenido: ¡no nos vaya a dar por pensar!

No daré demasiados detalles de la cita, que siempre hay quien se ofende por algo. Quizá porque no he dicho que hubiera servilletas, lo más nimio. Suele ser así.

Aquel día me enteré de unos cuantos nombres que no repetirían en lista electoral. Con eso ya había satisfecho yo mis ansias interrogadoras, pero no las digestivas. Me puse en la cola de las bebidas, para bajar la napolitana que me acababa de zampar.

Justo detrás de mi, un par de cargos de confianza mancomunados y, delante, una amiga y colega con la que venía hablando algo sobre mi pelo. Ni me acuerdo con quién hablaba o de si tenía o no pensado cortarme algo. De pelo, digo.

El buen señor que me seguía llevaba un vaso en la mano. Hombre previsor. Yo iba de vacío. Tocó mi hombro y me sonrió. Le correspondí educada; pero seguí a lo mío, con mi mente entre Pantene y Juver (para mí que ni Granini era el zumo de aquel cuatro estrellas al que habíamos sido convocados).

Volvió a insistir. Volví la cabeza.

-¡Dígame, caballero!, le dije.
-Oiga, ¿es natural?, me inquirió.

¿Natural? Me rallé tela en aquella cola-bufé. Tantas cosas tenía en la cabeza que yo no sabía ni de lo que me hablaba: ¿natural?

-Si, yo he sido así de rubia toda la vida.

Y me quedé tan ancha. Claro que el buen hombre me preguntaba por la autenticidad del zumo, no del color de mi pelo.

En fin, risas. Y nada, que he podido seguir con mi vida después de esto.

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