Columnismo

Peso pluma

No es tiempo para descastados

24.12.2016 @PrincesaOnAir 3 minutos

La noche de paz precede al día sin noticias...en papel. Es una de las pocas tradiciones periodísticas que perviven hasta ahora: la de cerrar las redacciones para descanso del personal en Nochebuena, Nochevieja y Viernes Santo. Amén de la revolución digital. Sermones y golpes en el pecho, para la Misa del Gallo.

La pregunta es: ¿‘no news: good news’? No. Ni dentro de las redacciones ni fuera de ellas. En el exterior, siempre quedará terror por narrar, corruptelas por descubrir, gobiernos por destapar en defensa propia y normas de convivencia de cuyo incumplimiento habrá que advertir. En el interior, mucha batalla por lidiar en el marco de las condiciones laborales.

Eso no quita que sea Navidad durante todo el año. Porque la plantilla de cada medio de comunicación es una gran familia: son muchas horas, muchas emociones, mucha pasión compartida, muchos afanes conjuntos. El sentimiento de pertenencia al medio y a los valores que representa puede ser mas o menos fuerte. Pero la tribu es la tribu. Y si uno no caza un día una primicia; la cazará otro. Pero al final todos se reparten la presa.

Las familias no son todo caldo colado. Tienen sus tropezones. Y como en todos los grupos humanos hay afinidades y disparidades. Hay pavos, rellenos de orgullo, que se pueden tragar con más o menos facilidad. Hay cada pastel de dulce aspecto que, a la menor distracción, te puede subir la glucosa. Y familiares que se arriman a su prima favorita o a su padrino bendito.  Y de ahí no salen.

A mi lo que me falta es unión entre tribus. Porque en este sentido no hemos evolucionado del Paleolítico. Me explico: cohesión de gremio. Es mi mayor deseo profesional, que aprovecho la coyuntura espiritual para expresar.

Ojalá estuviéramos de verdad unidos y unidas. Y los y las periodistas nos diéramos cuenta de que de nada sirve ir a cazar en soledad nuestra exclusiva si no sembramos gremio. Si no nos gritamos al unísono cuando se atenta contra la dignidad de uno. Si no nos vamos en panda cuando se deja de respetar nuestro tiempo y una convocatoria empieza media hora más tarde. Si no nos manifestamos juntas cuando un medio se cierra. Si no denunciamos. Si callamos. Si aceptamos lo inaceptable después de que otra colega lo rechace.

Solo la unión, la cohesión entre tribus de diferentes cabeceras, emisoras y canales harán la paz en una profesión atacada, dentro del campo de batalla mediático, donde el foco siempre está fuera.

Si. Alumbremos la verdad, las diferentes verdades que se producen en un mismo acto. Nunca debimos ser protagonistas de la información. Pero esta noticia es nuestra, nos afecta y no podemos caer en la sombra. Es incoherente barrer miseria en la calle cuando te come la basura en casa. Limpiemos de matojos el campo profesional que nos ha tocado para sembrar una cosecha que sólo será fructífera si empleamos todas nuestras manos.

No es tiempo de descastados. La familia plumilla que luche unida se mantendrá unida. Y solo así será capaz de tener la fortaleza suficiente para denunciar un mundo que siempre tiende a la destrucción por falta de amor. Y el amor y la pasión al periodista le sobra.

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