Columnismo

Peso pluma

Pronto es tarde

12.11.2016 @PrincesaOnAir 2 minutos

Me río yo de que el tiempo no existe. Ja. Que se lo digan a cualquier plumilla. El reloj es kit básico de supervivencia laboral, junto a la tinta (ahora electrónica).

Condiciona, prioriza y eleva. Porque llegar antes que nadie marca tu día a día. Porque lo urgente no puede esperar. Es prioridad. Va primero. Y porque estar y contarlo a su debido momento hace levitar un buen titular desde las páginas de panfleto de pueblo a portada de nacional.

Es la teoría cósmica y temporal de la realidad. Si cualquier circunstancia común combina las palabras mágicas (véase Costa del Sol, Antonio Banderas, crimen organizado o alijo, por ejemplo), el tema solo requiere de tiempo para surfear por las olas de la actualidad.

La combinación léxica no sirve si no se conjuga con la posición exacta del segundero. Porque no es lo mismo un domingo, a las diez de la mañana, que un lunes a las siete de la tarde. Me pongo peor. No es lo mismo la una y media del día que a las dos menos cuarto. Ya tiene que ser gordo el alijo.

Y cuarenta segundos son una eternidad en radio. Y siete minutos se ha convertido en unidad básica de publicidad televisiva. Por no recordar que a las doce de la noche cierra el periódico. Y si te retrasas, hiperventilas.

La filosofía se cuestiona el tiempo. Aquello de que el pasado no existe, el presente se va a cada instante y el futuro aún no vino...ha calado hondo en las entrañas del 'caralibro' (foto de Coelho adjunta). Pero tu, periodista, sabes como yo, que el pasado es hemeroteca siempre recuperable, el presente es apertura o breve y el futuro siempre queda para la previa.

El tiempo. El que hace no importa. Llueva o truene, tu tienes que dominar ese otro tiempo al antojo de la actualidad que diseña tu medio. Y todo para construir o recrear una realidad que puede ser atemporal y que como pseudo-deidad hasta te atreves a guardar, a veces, en una nevera.

No me digas que no existe. Que es mentira. Porque nada que no existe, no se piensa. Y a ti en eso se te va tu vida.

Dos relojes te torturan a ratos. Te atosigan. Y a la vez marcan el ritmo de tu éxito y de tu idea siempre presente de justicia.

Repiras a través de una grabadora. Viajas en una manecilla. Sueñas con esa fecha en la que darás la gran exclusiva.

No. No dejes que jueguen con el. Que algunos convocantes nos aprietan la correa del Lotus que, quizá hayas podido comprarte haciendo un estiramiento de tu nómina, digno de mencionar hasta en tus memorias no autorizadas.

El oro es poco. Es barato. Porque tu tiempo es el de espera de toda una sociedad que quiere respuestas. No las retrases.

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