Columnismo

Peso pluma

Simplifiquemos en defensa propia

26.11.2016 @PrincesaOnAir 4 minutos

Estáis de enhorabuena. No. No están de oferta los colchones Lo Mónaco ni os voy a ahorrar los gastos de envío. Es mejor aún: ¡regocijáos, almas inquietas! Es tiempo de aprovechar el marco incomparable que ofrece el sacrosanto género de la columna periodística para rendir justo homenaje a la panoplia de expresiones y frases hechas de nuestra rica lengua cervantina empleada hasta la saciedad en portadas, aperturas y faldones. Respirad aquí, que el circunloquio es lo que tiene. Ay. Si es que no hay antiguas pesetas que la paguen.

Me centraré en la empleada en las noticias. Ojo, que ya no entro en crónicas, reportajes ni columnas de opinión, que aquí cada uno hace de su capa un sayo a partir de todas esas normas que quizá nunca se siguieron. Leyenda. Sin rimas. Es cierto que, predilecta y especialmente, este abuso del lenguaje redundante y de alcurnia esnob se da en alguna que otra cabecera. Y lo sabéis, carnes de ‘meme’. Pero mejor no entrar al trapo, que sobre gustos no hay nada escrito y farolillos rojos, los justos. Y en estos dos párrafos ya van unas cuantas. Cansa, ¿verdad?.

Hay palabras o conjuntos de ellas que no por más reiterados están mejor utilizados. Otros dichos, directamente, apestan a manidos desde hace años. Y la desgracia recae sobre esos sintagmas -a ratos nominales y otras adjetivales sin menosprecio a los verbales- que se imprimen con tal cantidad de alcanfor que ya ni el papel los aguanta. A mi, particularmente, me ponen en jaque.

Es que les han dado luz verde. Los medios, algunos, digo. Y en algún momento, plumillas, todos y todas, hemos caído como moscas en la hiel del más es mejor, en lugar del menos es más. Tiremos la piedra y enseñemos la mano. Es como si fuera una especie de sello de calidad utilizar una perífrasis en lugar de un solo vocablo para decir lo mismo en un titular. O el de recrearse en palabras que no las conoce ni la madre que las parió. O ¡cuidado!: darles pátina cultureta a neologismos callejeros que constituyen auténticas patadas al diccionario. Patadas que la Real Academia admite por aquello de la evolución de la lengua. ¡Vaya palabros!, ¡manda uebos, como almóndigas envueltas en toballas de Portugal, aquí el conceto de neologismo! Que no, que no es que esté de moda. Lo siguiente. Uf, confieso que esta última expresión me agota por su desparrame incontrolado.

Callad. Minuto de silencio en este renglón por la denominada clase política. Por la viva, digo. A la muerta, flores de quien las pague, he dicho. Desde el último concejal sin cartera hasta el presidente del Gobierno se erigen en semidioses del idioma. Crean y destruyen. Más bien lo segundo. Y en periodismo, ‘copy-paste’ y comillas si encartan a sus alocuciones, que quede claro de dónde viene el remate de culo a nuestra lengua: del discurso político mezclado con el ‘reality-show’ televisivo. Un cóctel bomba.

Esas legislaturas municipales que no legislan. Esos periplos, que ni van en barco ni te llevan a ninguna parte. Esas comisiones para dar cuenta y poner en valor que la tolerancia ante cualquier tema será cero, como la cerveza sin alcohol, y que la apuesta por el emprendimiento es palpable, como el terciopelo.

Ay, ¡qué escrache le hacía yo a esos largos discursos sobre ciudades dinamizadoras, europeizadoras!… ésas que fomentan infraestructuras de calidad, que favorecen ejes, que terminan por crear sinergias pro-activas e interconectan ofertas y demandas. Todo en un equilibrio zen en pro de una sociedad cuatro punto cero. Pero sin cuatro y sin punto. Y con muchos ceros, en números rojos, poca fibra óptica y menos batería. Participativos, solo los presupuestos.

Esto pasa de tanto llevar el cántaro a la fuente de televisiones, radios y periódicos. Es decir, de tanto utilizar estas expresiones -no era tan difícil sustituir la frase hecha, ¿eh?-. Se ha propagado la enfermedad y podemos hablar -técnicamente, que mola este adverbio- de pandemia. Hala. Guantes, mascarilla y todo el kit anti-ébola.

¿En qué parte de “clara, concisa, breve y veraz” nos perdimos cuando nos explicaban las características de la noticia y el reportaje objetivo en la facultad? Está claro. Directamente en “clara”. De las demás, ni flores. Señoras y señores, flores por nuestra lengua. Por su riqueza desaprovechada. Por su uso, demasiadas veces, indebido por parte de quienes -se supone- debemos dar ejemplo. Mano al pecho y ‘mea culpa’. Que todo es mejorable, pero el abuso de expresiones y palabros que, además, no están ajustados a su definición empieza a ser muy mejorable. Miedo me da el caos que suscita esta circunstancia que no cesa. Y la denuncia queda hecha. Y si para alguno resultó un ataque, alegaré defensa propia.

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