Columnismo

Peso pluma

#SinFiltros

28.09.2017 @PrincesaOnAir 4 minutos

Escribir sobre sexo puede llegar a ser tan rentable como practicarlo. Porque no solo es una actividad clave para la humanidad. Es una palabra clave, una de esas que más se teclea en los buscadores que facilitan la navegación en internet y que, como consecuencia, más emplean las empresas en sus mensajes para favorecer su visibilidad en la red y que su marca aparezca en los primeros puestos de los resultados de búsqueda. En resumen, podría decirse que el sexo es al posicionamiento lo que un vestido negro a la moda. Un básico.

Y como moda, irrumpieron en la pasarela virtual para quedarse a vivir en los armarios mediáticos las técnicas de SEO. Son las siglas que se despliegan en Search Engine Optimization; traducidas en español como "Optimización de los Motores de Búsqueda" y entendidas como el uso estratégico de formas y contenidos en el escaparate ciberespacial para que Google, como buscador rey, piense que nuestro negocio ofrece mejores productos que su competencia y sus consumidores son también sus admiradores.

Los plumillas que echamos los dientes en agencia de noticias sabemos que la piedra angular del SEO que rige los contenidos es más antigua que el hilo negro. Si querías que tu teletipo trascendiera del ámbito local y superara las fronteras regionales y nacionales, tenías que usar palabras clave. Tenías que incluir en tu titular y, por ende, en tu entradilla, esos términos que tanto llaman la atención fuera de tu provincia aunque dentro estén manidos o suenen directamente a humo. Por supuesto, todo ello, en perfecto equilibrio con la veracidad y rigurosidad de la información. Que se puede. Se hacía entonces.

A ver, un ejemplo práctico. Un titular que incluya Costa del Sol cotiza más que uno que se limite a referirse a Málaga. Si asoma la cabeza por el ático Antonio Banderas, le acabas de poner un trampolín a tu teletipo. Por supuesto, trama tiene más puntos para subir de nivel geográfico que confabulación. Trama combina especialmente bien con corrupta. Pasa mejor la aduana de frontera (me refiero a los editores o correctores que establecían filtros a las noticias). Y ya si la trama tiene un grupo organizado detrás, no dejes de usar mafia. El conjunto de los crímenes terminan por constituir un caso. Un caso con apellido, desde "Malaya" hasta "Púnica". Los casos molan. Así en general.

Es lo que yo denominaba entonces, cuando era una tierna becaria, la teoría cósmica de la construcción de la realidad. Mientras más lejos proyectaras tu relato, mayor era tu triunfo periodístico. Tu meta estaba en el cosmos. Tenías que ser capaz de ver ese detalle que hacía único el hecho que narrabas y reflejarlo en un titular que cabalgaba sobre la actualidad como Atila, convirtiendo en breve cualquier otra información susceptible de ser apertura. Incluso aquella objetivamente más interesante para el ciudadano y contribuyente.

No era un arte fácil, porque había límites. De hecho, los hay. El de la honestidad y respeto a la verdad, a las diferentes verdades que forzosa y deontológicamente tocaba contrastar. Por supuesto, había que saber escribir y dominar el lenguaje.

Contemplo con desánimo que la práctica vigente ha desarmado mi teoría. La promoción de un titular y de la noticia en su conjunto se ha vuelto una mera transacción económica. Si, quizá siempre lo fue. Pero, al menos, no me pareció que lo fuera de una forma tan descarada y burda.

El posicionamiento ha terminado por camelar a los periódicos y, sobre todo, en sus versiones digitales, que se han dejado transformar en mercados donde se subastan noticias que ni siquiera se venden al mejor postor. Basta con que pague. Mejor aún si compra al por mayor.  No sé, ponme un artículo en El Mundo, enlázame en el Huffington y resérvame hueco en el 20 Minutos. 200 pavos. Hay plataformas que venden artículos así, cual. Y a la hora de escribirlos, solo importan las  almohadillas y los ‘hashtags’.  ¿Y dónde están los evaluadores de la calidad?, ¿dónde quedaron los filtros? Pues no, da la sensación de que no hay nadie al volante. Pagas, pasas. Y la realidad se construye a golpe de talonario, mal ortografía y escaso léxico.

Nada, Laswell. Que ni aguja hipodérmica ni bala mágica. Cañón sin silenciador es el que bombardea manipulación entre las comunicaciones, que nunca fueron inocentes; pero que jamás fueron tan culpables.

 

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