Columnismo

Peso pluma

Sobreopinión

30.04.2017 @PrincesaOnAir 2 minutos

Golazo de falta y por toda la escuadra. Y a mi me tienen fuera de juego. De acuerdo. Suponemos el conocimiento de las normas. Hay afición y, por tanto, hay seguimiento. Incluso podemos retorcer y estirar el significado de la inexistente pero invocada objetividad periodística… ¿pero se puede saber quién informa sobre deportes? Yo me atreveré a decirlo: nadie.

Nadie, porque nadie informa. Porque todos y todas opinan. No hay información deportiva. Hay opinión deportiva. Es más, hay sobreopinión deportiva. Y desopinión deportiva también, oiga. Que una vez en la tarea de sacar y aplicar palabras derivadas de información… ¡no iba a ser menos el término opinión! Pues no, no podía ser. 

Coges la sección de deportes y reparas en que hace tiempo que dejó de ser sección, es el medio en si mismo, con publicidad propia y mapa meteorológico. Es al canal, periódico o emisora lo que la mitocondria a la célula: el centro energético. 

¡Y menos mal que aún sigue habiendo gente solidaria que mata, roba y espanta! No os equivoquéis. Que no lo hacen porque tengan una enfermedad, ni porque el ser humano tenga maldad por naturaleza o consuma contenidos violentos. Es un movimiento espontáneo por variar la agenda mediática, que anda alienada de opinión. Y el periodismo más puro se ha reducido al suceso. Si. Al suceso. Y a pesar del sensacionalismo imperante, ¡qué ya tiene mérito!

El suceso es el suceso que es. Y aunque haya nota de prensa de por medio (véase membrete de Policía, Guardia Civil o 112). Al menos, es lo más aséptico que puedes encontrar, ¡ojo!, en las formas. Una objetividad que se acentúa gracias al miedo a los problemas legales. Más respeto al presunto -que sigue siendo jamón en italiano- y a la víctima, que está viva o muerta -aunque hagan un croquis de la trayectoria de las puñaladas con infografía incluida-. No suelen sumarse muchos más adjetivos. Ya, en el fondo, en el contenido, cada medio escribe y filma su propia película. Y, así, a golpe de casos... pues vamos ganándole terreno al deporte pasivo.

Ay, ¡el deporte pasivo con su opinión deportiva! Hay que ver cómo se ha impregnado cada planillo y cada escaleta de la auténtica práctica deportiva que está de moda y que ha llegado a relegar a segundo puesto a la tenencia de envidia: opinar por opinar. Y a sangre, además. Con la deportividad, en busca y captura. El caso es discutir. ¡Qué más da si es por una tarjeta roja para expulsar a un político infractor o por una moción de censura para echar a un equipo corrupto!

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