Columnismo

Peso pluma

Titulares de rejilla

26.03.2017 @PrincesaOnAir 3 minutos

Vuelven las medias de rejilla, que ni restan frío ni suman color a las piernas. Pero ni rejilla de realidad en los titulares, que se han quedado en medias. Medias informaciones, medias sensaciones, medias verdades. Y ni media palabra que sirva de anticipo auténtico al artículo que encabezan.

Supongo que es cuestión de modas. Y las modas -más allá de Calzedonia- son crecientes en los periódicos digitales.

Activas tu perfil en Facebook. Empiezas a recibir estímulos en forma de noticias (o de lo que crees que son noticias). Pinchas. Lees. Relees. Y vuelves a leer. Llegas hasta los enlaces de noticias pasadas, pero ni rastro del dato, reacción o declaración que insinuaba el titular. ¿Perdón? Puedes dejar incrustada tu huella dactilar en la pantalla táctil, que es inútil. No busques más abajo.

“El giro en tal investigación”, “las declaraciones que cambiaron el debate sobre aquella cuestión” o “el nuevo cancerígeno que desconocías y que está presente en tu alimentación”… y ni giro, ni declaraciones ni nuevo cancerígeno. Lo mismo. Batiburrillo de vuelta y vuelta. Tortilla de pocos datos y cero por ciento en análisis. No engorda. Pero tampoco nutre. Vuelta de tuerca al tabaco que mata y al panga, que también.

Cierto. El titular es mucho más que una simple frase. Es una oración en el sentido de rezo a nuestra audiencia lectora, para que cumpla la función por la que se le atrae a los medios de comunicación: que lea, que se informe. Y, desde que los medios de comunicación dejaron de ser unidireccionales: que opine. Aunque, mejor dicho, esa era la función por la que se le atraía. Antes.

Ya no importa que no lea. Ahora solo interesa que haga clic, que elija un emoticono enfadado o sorprendido. O un corazón. O un pulgar alzado. Y que comparta, que comparta mucho. Porque eso da visitas a la página. Sin más. ¡Qué más da engañar!, ¡qué importa mentir!

No. No son medios de comunicación. No pueden serlo páginas ni plataformas virtuales que entierran el código deontológico del periodista desde su principio fundamental: el respeto a la verdad y su lealtad a los hechos para narrarlos.

Mi verdadera preocupación viene por el contagio del sensacionalismo que ha traspasado sus propios límites para convertirse en ‘cebismo’. Ya no basta con exagerar algunos aspectos de la información para captar la atención. Ahora se llegan a inventar, sin pudor de siquiera retomarlos luego en el artículo. Como si el titular no fuera la cabeza del cuerpo del texto.

Es una barbaridad el abuso del cebo que se pone en el anzuelo del titular para atravesar las branquias de la incauta maraña de banco de peces desinformado. Para engordarles de mentira e indignación. Para desviarles de la información que realmente le interesa. Que realmente debería interesarle. Y que cada pescado, ya fuera de su auténtico medio, deje de respirar para discutir en sus piscifactorías de WhatsApp y se mate a base de gusanos en forma de tuits envenenados.

Hay que parar la pandemia de ‘cebismo’. Que no llegue a las cabeceras responsables, por más redes sociales que creen. Por más perfiles que abran. Vacunémonos contra la lectura vacía. ¡Son el nuevo ‘horror vacui’ del barroco desinformativo! Y necesitamos a nuestros doctores y a nuestras doctoras, a nuestros verdaderos referentes del periodismo, en primera línea. A los más mayores, que no se jubilen: les necesitamos dando ejemplo e impartiendo experiencia. Aumentemos las defensas de la cultura general con los libros como antídoto. Que llega abril, con su San Jorge, y yo no quiero medias de rejilla. Quiero titulares que hagan que merezca la pena leer entera una noticia.

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