Columnismo

Peso pluma

Y no me lo quitan de las manos

04.02.2017 @PrincesaOnAir 4 minutos

He visto cosas que ni yo misma creería poder ver en un quiosco. Coches de colección, impresoras sin cables, pinturas de uñas, viodecámaras, ollas exprés, colchones viscoelásticos… y hasta botones. Si, ¡botones! He visto botones.

Recuerdo las antiguas tiendas de ultramarinos, esos maravillosos recovecos de barrio en los que te podías perder pese a sus nueve metros cuadrados. Donde te despachaban huevos XL y cuarto mitad de bragas ‘al puñao’. Esa magia pervive. Pero se ha mudado. Ahora habita en los quioscos (ríome de los recurrentes y concurridos ‘chinos’).

Los periódicos son una ganga, mire usted. Por euro y medio, me llevo un papel buenísimo para envolver pescado. Y no le digo ya para limpiar los cristales y secar el interior de las zapatillas deportivas después de lavarlas: ¡canela! Aunque, sin duda, lo mejor es que, por unos cuantos céntimos más, me tengo que llevar el carro de la compra para arramplar con el plato completo. El pastel de noticias que no leo y la guarnición de promociones que acumulo.

No está de más echar un ojo de vez en cuando, que el quiosco es como el Lidl. Lo mismo encuentras chocolates de todos los colores que una tabla de gimnasia hipopresiva o un robot que te permite olvidarte de dónde quedaba en tu casa la cocina. Desenfreno.

Mi vecina venía ayer con El Mundo debajo del brazo. “Niña, y el otro mundo que me pienso traer en la bolsa la semana que viene”, me decía en el portal haciendo un juego de palabras con el nombre del diario y el encargo que le acababa de hacer a Ramón, nuestro quiosquero. Que la semana que viene se va a agenciar el ‘yanagiba filetero’. Y eso si que es noticia, oiga. Cuchillos japoneses ‘top chef’  por un céntimo menos de cuatro euros. Una locura.

¿Quién lee, en estos tiempos sin tiempo? Hace mil años que no hay ocasión para la poesía. Ni para la prosa. Ese género híbrido del periodismo que convierte versos asonantes de retales de realidad en rimas verosímiles. Ni le digo.

Algunos creen que la Red estalló la prensa, que reventó lo que no pudo reventar la radio ni la televisión: ese invento de profesión, de vivir de narrar y analizar lo que pasa. ¿Fue eso? No. Es el escaso hábito de lectura. La no costumbre generalizada. ¡Claro! ¡un pacto de Estado (chupito de anís El Mono por repetición primate) por la Educación, así, con mayúscula!

No. Maldita sea. Error de diagnóstico. A ver. Voy a disparar hacia otro lado: es la filosofía del todo gratis. El regálame que ya rapiño yo aparte, si eso. Somos así: picaresca española (esta vez chupito de Jägermeister no, ¡copón!, a lo grande y con tres cubitos de hielo, que es alemán y se lo debemos todo. Literalmente).

No se entera usted, comadre, que es que todos los españoles somos iletrados y corruptos. Por eso, tenemos lo que nos merecemos. ¡Y hasta lo elegimos! Métaselo en la cabeza. Que es su culpa judeocristiana, señora mía. La suya, mas nunca la mía.

En una red, llena de culpa y corriendo con el reloj parado. Así estamos, mientras consumimos medios, en su mayoría, repletos de magníficos profesionales saturados y mal pagados. Sin beneficio. A ratos, casi ya sin oficio cuando la directriz es tirarse al barro, a hacer sensacionalismo barato para que quienes compran los periódicos por los cuchillos, al menos, los lean. Gran idea cuando no hay dinero para hacer periodismo. Para tontadas, si, oiga. Para eso, si. Podríamos fundar un partido, colegas. Algo así como Desunión, Retroceso y Dedocracia. Lo petamos seguro.

Una coctelera de causas, quizá todas, quizás muchas más de las mencionadas… qué se yo. Todas me llevan al mismo quiosco. A alguno de los pocos que ya quedan con prensa internacional. A alguno de los pocos que abre antes de las nueve de la mañana. A uno de los muchos que solo vende chucherías, porque no tiene capacidad para tanto fascículo y coleccionable.

Lo próximo, ¿qué será?: ¿quioscos en realidad virtual?, ¿promoción dos por ninguna, ninguna noticia por dos lotes de vino? Seguramente, ya exista aunque no lo conozca. Ya creo cosas que ni yo misma he visto.

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