Columnismo

Políticos en el infierno

El canódromo de Mariano Rajoy

11.03.2017 @emilioarnao 4 minutos

Mariano Rajoy es la miseria de España. Brey es un quisto, un quiste, una arruga en la modernidad política de nuestra nación. Ni siquiera sabe hablar. Desdendato como Fray Luis de Granada, no sabe decir el son y el ton de la lengua española. De gentilhombre ha pasado a pícaro, a un pedazo de pan y un racimo de uva, algo pobre y como de don Pablos al que le envían los escupitajos en Alcalá de Henares. Mariano Rajoy es una Armada Invencible hundida por el pirata Francis Drake. Yo creo que este señor tiene un machuelo espantadizo, por lo que, si Paco Umbral viviera, le daría endechas y romances por el tubo de escape de su ano. Mariano Rajoy es un barbas hideperro que intenta confundir al vulgo con su villanía a pro de harto de ajos. Su aliento es de Dios lo oiga y el pecado sordo. Don Mariano es gimnástico como un pedo que le sale por dentro del herreruelo. No tiene carisma ni potencia propíncua. Yo creo que lo que tiene son unos testículos pintados por Jackson Pollock en su abstracción de hetairas financiadas por los corchetes de la Moncloa. Ni escucha ni hace naciones políticas, lo único que se le da bien es entorpecer los entendimientos encantados en una democracia que se salta igual que un sapo en medio de un monasterio de cartujos. Abad y Gonzalo de Berceo, Rajoy es todo un clérigo cervatana que intenta fornifollar con mi Lola tras los maitines de los viernes. Mariano no tiene sexo, sino una flor en medio de los hombres machos y atléticos.

Yo creo que a Mariano le gustan más los actores de Hollywood que las mujeres de las banderas, tipo Soraya, tipo Dorotea, tipo mi Lola a la que le gustaría besarle los morros de tocinete. Pero Rajoy va a lo suyo, entre machos y la lengua en los prepucios. Este gobernador de ínsulas cervantescas no sabe amar al vulgo ni siquiera a las niñas de trece años, pues es impotente de cerebro y de calavera expuesta en los cuadros de Géricoult. A mí me hace gracia este personaje como sacado del esperpento de Valle-Inclán, pues que es feo para el teatro y demasiado monórquido para las carnes de su dueña, ya que le falta un huevo como le faltaba a Quevedo, misógino y cojo, sonetista y espadachín. Rajoy, don Mariano etc Brey, no sabe hacer un francés porque no usa idiomas y además es medio lelo cuando habla con Donald Trump. Tiene ladillas en la barba y sida en la intelectualidad. Hace tiempo que no nacía un hombre con tanto complejo de inferioridad y con tanto puterío a su alrededor, que de pollas gordas sabe un grado en acierto y de sexo aborrece hasta las mejores alcahueterías de esta España sin reino y anticatalana.

Mariano Rajoy es una cagadita puesta justo encima de la bandera española y su constitucionalismo hace que de la voz de los castrati vengan los obispos a lamer los pezones de los antiguos monaguillos. Que todo se junta y se arrejunta cuando Mariano da salivillas a las monjas vírgenes que dan la sopa boba de los conventos. Rajoy no es un demócrata convencido, sino una encuesta o un ritmo bananero de una España que se le mete por la boca cuando se cruza con una geisha japonesa o del Ampurdán, que para el caso da lo mismo. Rajoy es un enano cuya verga ya salió en “Divinas palabras”. Por eso a mí me da un poco de ébola cada vez que lo veo en el vino de la prostitución. España tiene a un presidente que se la menea cada vez que ve desfilar a Lola delante de los legionarios, con cabra y todo, que la cabra se la lleva don Mariano para ordeñarla y para cruzar carnes con ella a ver si sale por ahí algún cabrón. Lo digo yo, Cide Hamete Benengeli, autor de esta fabulosa y caricaturesca historia. Pero qué porro es Mariano. ¡Alarma! ¡Alarma! Que existe un caso de mucha mariconería en el registro de la propiedad. Y ya me callo, pues me van a meter una querella criminal si sigo con estos titiriteros que son mis palabras, en romance o en latín.

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