Columnismo

Políticos en el infierno

El coño de Pablo Casado

28.11.2016 @emilioarnao 3 minutos

Este Pablo Casado, casado con doña Isabel Torres Orts y fundador de dos hijos, como escribí en mi anterior caricatura de Javier Maroto, ocupa la boina zarrapastrosa de las Nuevas Generaciones del Partido Popular, de hecho entre 2005 y 2013, fue presidente de esta Juvenalia en Madrid. Casado, don Pablos, pícaramente está escrito ya por Quevedo, pues que forma parte de una sátira o jácara o prostibulario en donde nos podemos encontrar con que es un hombre a un falo -De Fales, inicio de la comedia- pegado. Su modo fálico de hacer política tiene que ver con su belleza de Brando o de José Sazatornil -hay feos muy guapos, narigudos y bodegas de vino en reserva-, por lo que el casamiento de Casado con el Partido Popular se debe más a una cuestión de estética que a un profundo conocimiento de lo que es la política. Este agrafismo de Pablo C., por muchos estudios que tenga -Complutense, Universidad Rey Juan Carlos, Universidad de Georgetown, Escuela de Gobierno de John F. Kennedy, Universidad de Navarra, IE Business School y otros extranjerismos como de mozo aplicado y acudidor, como el El Buscón, a todas las licenciaturas de una España que es boliche, puta y cripta de biografías paletas- debe entenderse desde su poco conocimiento con los verdaderos problemas que calzan España en relación con un PP que no se renueva y que tiene en estos jovencitos palurdillos y bodrios de nieve a los valedores de lo que podría ser el próximo PP una vez finiquitado el rajonismo.

Pablo Casado está casado con Rajoy y hasta que no se divorcie de la antigua escuela de las gaviotas -una suerte de una nueva Escuela de Traductores de Toledo- no habrá renovación. Casado quizá sea el joven más experto o más preparado para comandar la nuevo versión cinematográfica -película “Apocalipsis Now”- del Partido Popular, sin embargo, cuando lo vemos por la tele sólo hace que repetir las mismas jarchas y las mismas cántigas de amigo de los más viejos de este pueblo llamado Partido Popular o partido en donde mi Lola siempre lleva puestas las ligas rojas tal y como lo hacía Madame Bobary. Casado es más aznarista que rajonista, por lo que, en este sentido, no lo veo yo con ese futuro terror domeñado hacia la justicia social, hacia la diversidad de culturas celtibéricas, hacia el coño de la Bernarda, y los etcéteras que salen de su voz, con el objetivo de regenarionar la política española. Casado no es España, sino Palencia, que es donde nació, y ahí se queda su recorrido parlamentario y democrático.

Este joven tan anciano de ideas ahora es un diputadillo por Ávila, pero Santa Teresa lo quiere como a un San Juan de la Cruz para ir por ahí por los caminos de las pichas gordas a renovar conventos del Carmelo. Casado viene al casamiento y a romperse la camisa tal y como hizo Camarón de la Isla y este gitanismo lo convierte en un drogata de crack donde la base de la coca no es otra cosa que el propio ideograma conservador y muy en norteamericano de un partido que ha dejado morir de tristeza a doña Rita Barberá. Dijo Casado en la tele: “esta mujer ya no es del Partido Popular”. Y a los tres días de dicho lo dicho Rita va y le da el miocardio.

Casado es un comistrajo con un club de fans de jovencitas de las Nuevas Generaciones del PP las cuales se lo quieren fornifollar poniéndose como preservativo un calcetín y la voz de esponsales de este cacareador que es don Pablos, guapetón y gorrinillo del liberalismo o de la ascosidad del dinero, el catolicismo, la heterosexualidad o el cipote de Archidona, que diría Cela.

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