Columnismo

Políticos en el infierno

El palote de Carlos Froiliano

10.10.2016 @emilioarnao 3 minutos

Este cacereño de palidez antigua cuando habla da la impresión que tartajea como Pablo el Picapiedras. Floriano es un dibujillo animado del Partido Popular al que le cuesta servir un discurso haciendo uso del buen castellano, puesto que se come las palabras como si se comiera la vagina de las diputadillas de Extremadura. Tiene mucho de chulesco, como Rafael Hernando -del cual ya he hecho la caricatura en este mismo periódico-, por lo que cuando se enajena, que es siempre, las babas le corren por el mentón como un bebé de biberón a punto de ser vicesecretario de Organización y electoral del Partido Popular. Floriano es de risa, como un florianín ridiculizado por el Gran Wyoming en “El Intermedio”, cuyos presentadores siempre lo sacan como un pelele con proa de pueblerino. Le hace falta ya sólo la gorrilla que empleaba Gila para ir a la guerra y preguntar al enemigo cuándo va a atacar. El PP es su propia guerra interior de la puchela la rila de la chopana. Floriano tiene cara de cansado.

Carlos Floriano, monigotillo de la tele, no sabe emplear decentemente la lengua castellana, por lo que yo le animo que se apunte a Filología Hispánica en la Complutense, que su carrera de Derecho en Extremadura y su beca en Reino Unido sólo sirven ya como papel higiénico. La higiene de Floriano, flor y ano, le traduce en patán y un cruce entre Lola Cospedal y Fraga Iribarne. Más vale que la flor y el ano la lance al río Palomares para que vengan las ramerillas a achantar su discurso de jachís. Da la impresión que Floriano siempre va fumado de hierbas aromáticas, por lo que su lucidez se queda en su casa para dar rienda suelta a su cazurrismo en el Parlamento.

Yo siempre que le veo la cara me semeja a la del actor Gabino Diego en “Belle Époque”, esto es, un zangolotino sin puñetera idea de la gorrinería que supone dar la voz y la palabra a un partido que lo margina y que ya se ha dado cuenta de sus dificultades a la hora de combinar palabras, de llevar los calzoncillos limpios o de tomarse un gintónic en el bar de los leones. Floriano, flor y ano, es el bedel barbilampiño del rajonismo, por eso su jeró es cómica como la de los actores de cine mucho de los años 20, un Harold Lloyd, un suponer. Floriano, ano y flor, no consiguió ser un musculoso secretario de Comunicación entre los años 2008-2012, pues fue la risión de todos los otros paletillos arrecimados al partido de Rajoy. El PP está untado de vírgenes locas y de chistes de Gila en donde Floriano llama siempre por teléfono por ver cómo las gaviotas le ponen sus caquitas en la punta de la nariz. Es narigudo pegado a un cuerpo y feíllo para sacarse novia. Que no me toque ni a mi Lola ni a mi Andrea Levy, pues ante tal circunstancia yo le pondré una castración en ese nardo diminuto y ágrafo que es Carlitos ya desde que nació un febrero cuando motejó su salida de irse de vara por los campos extremeños.

Carlitos Floriano es al PP lo que Cantiflas fue a México. Sólo le hace falta chantar la mui porque eso nos da a los que le oímos cierta sensación de no escuchar las babillas que le van saliendo cuando habla. Floriano es la criada de los populares cuando se le tornan cuadrados los testículos, que es siempre cuando entre ellos se ponen los cuernos de don Friolera en Génova, 13.

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