Columnismo

Políticos en el infierno

Entrevista ficticia y sarcástica a Luis Bárcenas

07.06.2017 @emilioarnao 3 minutos

Nos hemos dado cita en un teleférico de Baqueria Beret. Luis va vestido de Melibea, dejando entrever sus inmensos pechos del siglo XV, y yo voy con traje de Celestina, adornado con mis ungüentos y pócimas y tercerías de mala puta en beneficio de esa otra puta que es Bárcenas. La cosa es cómo lograr, mediante el celestinaje, que Luis pueda persuadir con juegos amatorios que Mariano Rajoy, esto es, Calixto, el cual tiene un solo cojón, interceda para que Melibea no acabe en Soto del Real. Luis me dice: “Si es de urgencia le hago una mamada, aunque sea a través de un SMS”. A lo que yo respondo: “Bastará con un simple pellizquito en el prepucio”. Quiero saber cómo Bárcenas ha llegado hasta este siglo XV.

¿Qué sentiste con aquel “ánimo, Luis, sé fuerte”?

Que el presidente me estaba pidiendo un bis a bis para, después del fornicio, yo dejara de seguir redactando mis papeles, esto es, mis santas escrituras.

Entonces, ¿te sentiste como un Judas?

Todo lo contrario, en todo caso, como una María de Magdala. Rajoy siempre ha sido un nazareno que ha buscado en mí la resurrección del cojón que no tiene.

Por lo que veo, todo lo que pasó fue una cuestión de cojones.

No le quepa la menor duda. Todo el Partido Popular, desde que aparecieron mis sagradas escrituras, se ha acojonado. Hasta a Soraya, esa vicepresidenta que siempre va fumada de marihuana, le salió un testículo en medio de la frente. ¿No se ha dado usted cuenta?

Pues ahora que lo dices pues sí. Gracias a ese testículo frontal se está intentando cargar el independentismo catalán. Pero volvamos a lo nuestro: ¿por qué, durante el juicio en la Audiencia Nacional, no mentó ni una sola vez a Calixto?

Por culpa de los besos.

¿Qué quieres decir?

Cuando trabajaba en Génova como tesorero, Rajoy siempre entraba en mi despacho y me daba unos besazos con lengua que yo entendí siempre como un soborno a cambio de mi silencio.

¿Fue Rajoy quien mandó destruir los discos duros?

Sin duda alguna. En esos discos estaba escrita toda nuestra biografía pornográfica, la cual estaba pagada, de puta a cliente, con dinero negro para la financiación ilegal del Partido Popular.

¿Pero tú a quien realmente amabas era a María Dolores de Cospedal, no es así?

Of course. Fueron los celos de Lola los que motivaron que me sacaran como tesorero. Lola, que siempre me recibía en su despachito en lencería fina comprada en el barrio de Salamanca, me lo dijo bien claro: “O continúas quitándome las braguitas o cuento todo lo de las comisiones de los empresarios”

O sea, que todo fue como sucede siempre, es decir, una lucha de sexo y poder.

Así es. Yo estoy muy bien dotado. Mi cañón es más grande que el de Fernando VII, el cual usaba un cojín con un agujero para poder fornicar sin hacer daño a todas sus amantes. Yo tenía en el Partido Popular tanto poder porque Génova era toda una bacanal, un orgía borbónica, un puticlub lleno de políticos, empresarios, doncellas vírgenes y cabrones.

De ahí te viene lo de Luis el Cabrón.

Diana. Yo era el Gran Cabrón que pintó Goya. De ahí me viene mi afición por la pintura. Sepa usted que toda mi fortuna proviene porque yo siempre he sido lo que se dice ahora un gran emprendedor. Me gusta comprar cuadros, sobre todo si los pintores son suizos.

Como Celestina que soy, te aseguro una cita con Calixto.

Pero antes que se opere y que venga con un par de cojones.

Vale.

¿Cuánto le debo?

Que me consigas una braguita de Lola.

No será fácil.

Pues entonces sin braguita.

Hecho.

Ah, y rasurada.

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