Columnismo

Políticos en el infierno

Estoy cansado

09.11.2016 @emilioarnao 3 minutos

Estoy aturdido, cansado, abatido por no ser obediente conmigo mismo. Llevo varios días aniquilándome en mi propia riqueza y en mi justa virtud. Y es que hace tres días vi cómo un cazador abatía a una gacela. Ah, hombres injustos, qué hedor despedís de vuestros disfraces interpretados. Me siento tan débil a vuestro lado que daría cinco años de mi vida porque desaparecieseis de este horóscopo con que acudís a los engaños. La injusticia es todo aquello que siendo malo se toma como efecto de fe entre los que consideran que la justicia toma la carrerilla de la vida a partir del ópalo de la voluntad. No hay ser más injusto que aquel que siéndolo no lo toma como tal, sino como un acto de valentía, de cordura, de un presente que siempre regresa¡ ¡Yo os maldigo también, hombres injustos¡ ¡Sois los depredadores de la naturaleza, del sentido común y de la filantropía¡ ¡Bestias de carga que lleváis sobre vuestros hombros todo el poder de las viejas tempestades¡ Os conmino a que os alejéis de mí y no seáis imprudentes a la hora de mirarme a lo ojos. ¡Os aborrezco como aborrezco a la muerte¡ Vosotros sois la muerte vivida en muerte viva. ¡Salid de mí, espíritus malignos, engendradores de odio y de las horas excesivamente rabiosas¡ Pido para vosotros el silencio eterno, por no tener que escuchar vuestra vanidad entre los colores del arcoiris. Fuera del mundo os quiero ver, hombres injustos, pues sacudís la venganza como un bosque ardido entre vuestras manos. Mi prudencia clama algo de lo que no estoy seguro de ser, si dadivoso o vehemente, si iracundo o bondadoso. Estas mis contradicciones perturban el idealismo de mi aventura en esta tierra. Sólo deseo que crucéis la frontera del dolor que me estáis causando. ¡Largo de aquí¡ ¡Alejaos de las ciudades¡ ¡Salir tras los muros que esconden vuestra avaricia, vuestra codicia, vuestro pasado manchado por el amarillo de las pinturas¡

La injustica mide a los justos cuando lo injusto no es injusticia, sino actitud traidora de los méritos que no deben adjuntarse a vuestra propiedad. ¡Qué injustas son las guerras, las inquisiciones, las quemas de libros, la teología, la traición, la medida de las cosas no contrastadas, la colérica acción de derribar el mundo de un solo soplido¡ ¡Idos de mí¡ ¿Acaso no os habéis dado cuenta que soy el dios de la naturaleza? ¿Acaso no habéis adivinado que soy el mejor hombre que habita esta tierra? Entonces, ¿por qué merodeáis por donde yo estoy? ¿No soy capaces de agruparos y tomar un buque que os conduzca a la utopía, a la segregación, al país en donde los esqueletos hablan con cadenas frente al espejo? Salid de esta vida como saldría una muchacha recién casada de una catedral. ¡Apartad vuestras míseras salivas de mi cuerpo ardiente y esbelto, porque ya no cabe más barro dentro de mi corazón.¡

Observo a mi alrededor y veo injusticias por todas partes. El hombre es injusto por naturaleza. La bondad no le ha sido dada por nacimiento, sino que va inserta en las genealogías de aquellos que siendo injustos parieron de nuevo la injusticia. ¡Cuántas generaciones tienen que suceder para que este mal aceche a los ladrones de perlas hasta embarrancarlos en las rocas de los profundos mares¡ Yo ya no sé si sirvo para sentarme al lado de estos hombres que codifican la injusticia como un elemento más del Universo. ¡Fuera de aquí¡ ¡Alejaos de mi buena voluntad¡ ¡No quiero ver de qué manera vuestras almas se arrebujan entre los panales de las abejas¡ Sed silencio. Y no me disturbéis más en mi ilustre retiro.

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