Columnismo

Políticos en el infierno

Etnografía de Jorge Fernández Díaz

25.07.2016 @emilioarnao 3 minutos

Jorque Fernandez Díaz, vallisoletano y barriga ultracatólica, es un ministro interiorizado que maneja las estampitas de las vírgenes como maneja su ministerio de tiranía y contra las libertades públicas. El tal Jorge, que es el gran dragón del novelismo mediaval, es hijo de un teniente coronel de caballería en el ejército y subinspector jefe de la Guardia Urbana de Barcelona durante la dictadura franquista, por lo que ese posfranquismo en seguida se le ve cuando adopta leyes como la ley mordaza contra un espacio de libertades que los celtibéricos sentimos como trepanación de nuestros cuerpos y nuestras memorias, cuando los grises a caballo iban dando mamporrazos por las universidades y el sindicalismo carcelario en unos tiempos que hoy parecen repetirse en las calles de una España coño, fálica y tribunal de la inmundicia.

Jorge Fernández Díaz opositó, en su juventud virginal y cachonda, al Cuerpo de Inspectores Superiores de Trabajo y Seguridad Social del Estado, que digo yo que podría haberse quedado en el higienismo del trabajo en vez de venirnos a joder, como un marrano encima de una puerca, la democracia libre y original. En estos tiempos el dragón de San Jorge, Georgius y pariente de Santa Nina, Capodacia y mar Giries, según la leyenda del santo, es tripulante de presuntas corrupciones como el trigo escanciado en la DGT o ese espionaje de CIA español trepador, junto a Daniel de Alfonso, ese antifraude que ya en sí es un fraude con bragas, de las voluntades del independismo catalán. San Jorge actúa y está acuando en la lucha contra el demonio, que ya es el mapa de España ocupado por todos nosotros, los celtibéricos de origen musulmán.

Jorge Fernández Díaz es el lesbianismo de un Opus Dei en donde practica fellatios y otras investiduras con la Conferencia Episcopal, pues que San Jorge se lleva bien con los obispos y con las abispas, con la momia de Escrivá de Balaguer y con todas las santas putas de esta España mediavalesca. San Jorge es primitivo y tribal, como si se desayunara cada día en las cuevas de Altamira. De él se desprende un olor como a latín y martirio, como a sincretismo y a menstruación. Y es que San Jorge es divino y celestial, amanerado de Alianza Popular y gobernador civil de Asturias. Yo encuentro a JFD como un poco brusco en su dialéctica y en sus palabras como sustraídas de la Vulgata, por lo que adivino en él una Cruzada que estaría dispuesto a organizar desde su ministerio en funciones para que funcionara la hoguera de los aquelarres. Deus in orbe.

San Jorge no es que sea santo, sino un orco en donde está intentando que los celtibéricos nos quememos la polla de tanto garrotazo propinado por la policía nacional, que ya es un Goya del nuevo guerracivilismo o el afrancesamiento. Este hombre feo, católico y sentimental ocupa la zona de la soberanía nacional sin tener en cuenta que las Vascongadas y la provenzal Catalunya en breve tallarán un candado para que no entre en sus glebas ni un solo español con el rifle en bandolera. Así las cosas le conmino a San Jorge que se deje de dragones y que se vaya al Alcázar de Toledo para continuar con su facha, su transvase y su traumatismo al lado del frente de Paquito Franco hasta arribar al “No pasarán” propuesto por Durruti.

Jorge Fernández Díaz es la virgen de Lourdes cruzado con los sujetadores de Santa Nina. De este modo y manera y con tal que el ministro desministrado debe conquistar un seminario religioso por ver si como capellán le va mejor que como ingeniero, ucedeísta o catalanofóbico. Lo veo por la tele y me da el vómito y el mareo, pues Georgius es un ultra que atraviesa las vigas de la democracia con los calzones bajados y el badajo en su función de flacidez. Es un supernumerario de cuando Ratzinger se inventó el yihadismo cristiano. Que se limpie el ano con sus estampitas de las vírgenes desvirgadas por todos los dragones de Nicomedia. Esto sólo es una caricatura literaria no una descripción real.

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