Columnismo

Políticos en el infierno

Fenomenología de Luis El Cabrón

15.11.2016 @emilioarnao 3 minutos

¿Quién realmente es Luis el Cabrón? Según algunos investigados del caso Gürtel uno y, según otros testigos, Luis el Cabrón es Bárcenas. Lo que no le permito a Bárcenas es que mantenga una batalla judicial contra mi Lola. Cospedal, quien se va dando golpes por ahí contra los árboles, ahora que está en Defensa, debería fusilar al ex tesorero del Partido Popular. Bárcenas no es que sea un Cabrón, sino presuntamente un delincuente cuya madre, también presuntamente, lo parió al revés, esto es, en un parto que ocurrió en Suiza y en cuyo cordón umbilical ya iban pringados millones de euros.

Bárcenas el Cabrón, epistemológicamente, sacude las filosofías de una corrupción de la cual, dolorosamente, se esparce, como cenizas de la incineración de nuestra democracia contemporánea, por todas las gaviotas del Partido Popular. El aznarismo primero y ahora el rajonismo han producido esa nevada de quilometrajes de orcos desvirgados que han ido evolucionando hacia el crimen y el atentado contra el Estado de Derecho.

Bárcenas, cabronamente, sólo es un títere en donde el circo apocalíptico del Partido Popular gira alrededor de los discos duros masacrados, el comisionismo, el 3%, el amiguismo, la financiación ilegal y otras putas tristes con la vagina plena de ladillas.

Bárcenas es un Jesucristo crucificado, mientras la justicia continúa estando politizada y dopada de oro en un exéquatur de mierda que, tras la sentencia del caso Correa, sólo va a ocurrir que vayan a parar a Villa Paquita, con su metadona de drogadictos, los tontos del pueblo.

Este pueblo que es el Partido Popular está encenagado de misérrimas acciones que, como un usufructo o un whisky de seltz, derivan hacia la delincuencia política como desde hacía años no se había dado en esta Celtiberia acusada de múltiples asesinatos morales y físicos, luz del mar y gastronomía de violaciones como las que se producen en el Congo.

Asesinar es golondrinear entre un dinero que está en el verso de Quevedo: “poderoso caballero es don dinero”, por lo que los jueces del caso Gürtel deberían mandar a toda esta piara de cerdos hacia el hundimiento de un partido que hoy todavía y, ante la sorpresa de la blancura, tal y como ocurre con Donald Trump, nos gobierna con las manos sucias de Sartre.

Sexualmente, Bárcenas es un flux de asco, miseria y esas hojas muertas que caen en otoño. Todo el Partido Popular, judicialmente, se merece el fusilamiento, como ocurrió con Mata Hari. El Partido Popular es un menorero que trafica con vídeos porno en donde los pederastas ascienden hacia los cielos resucitando la flor del loto. Todo es demasiado milimétrico de escatología. El poder es tan cruel como la penetración de un ano el cual ha sido desgarrado por culpa de las muñecas de trapo. Llueve hoy en mi corazón.

Artículo anterior Artículo siguiente