Columnismo

Políticos en el infierno

Fisiognomía de Álvarez Cascos

31.10.2016 @emilioarnao 3 minutos

El señor Francisco Álvarez-Cascos Fernández, madrileñogijonés y ocho del zarismo, semeja un bruto dependiendo del gesto de la cara que proporcione mientras caza urogallos y osos en Rumania, donde es legal dicha caza, y desde donde regresó a Celtiberia con tales animaluchos hecho un frailón fuera de los monasterios legales. Cascos casca las cascadas de Cuzco mientras se presenta como casquivano o cascote en las cáscaras de la política. Es un roedor de mucho Fomento y mucho Foro Asturias, lugar éste al que accedió en el norte tras su motín realizado contra la directiva del Partido Popular en 2011. Cascos jodió el fútbol de Canal Plus y, por ende, al grupo Prisa porque apriesa se fue a Asturias para continuar con la caza y el campanu. Es un trozo bestia en su bestialidad de voz y rostro, por lo que parece más un boxeador -esa nariz como rota y pícara de Cyrano- que un diputado o senador.

Casado en tres ocasiones, esperamos el cuarto casamiento en cuanto regrese en diciembre de cazar urogallos a Rumania -que va sin acento en la i, y no como lo pone todo el mundo-. Cascos, sigo diciendo mientras digo, es un cosaco iniciado en la Escuela de Minas de Oviedo y ha escrito libros que en nada se parecen a “La Regenta”, porque él mismo es Fermín de Pas en una Vetusta que tiene más de adulterio que de zampabollería. En efecto, Cascos también es un zampabollos bello y nocturno introducido dentro de Alianza Popular y ahora presuntamente escrito por Bárcenas en sus papeles. Que en la Gürtel es presunto inocente, pero todo a de andarse como Fermín de Pas anduvo tras Ana Ozores. En el fondo Francisco Álvarez-Cascos es un Clarín pero venido a menos, con menos naturalismo y mucha pesca de salmón.

Tiene el traje de arquitecto, pero políticamente siempre ha sido más que un simple narrador de Caminos, Canales y Puertos. Su bestialismo, digo mientras lo digo de forma caricaturesca, prorrumpe en su libro “Europa, asignatura pendiente”, donde su europeísmo se reduce al Transiberiano y a una copita de vino blanco en Trieste. Nunca ha viajado a no ser que para cazar urogallos, lo cual se le nota cada vez que abre la boca para maljoder a Mariano Rajoy o a toda esa pandilla de viciosillos del poder que es el Partido Popular, como ha quedado demostrado tal que el anterior sábado. Cascos ya no es nada, sólo sus propias cenizas y su personal moribundia, por lo que yo le aconsejo que siga con la caza -a lo “La escopeta nacional” de Berlanga- y que reciba las penas si las hubiere por parte de la magistratura por todos los indicios que van saliendo en los papelámenes. Cascos está viejo y cascado, por lo que se prevée su retiro y su descanso de oso hibernal. Canta Verdi baja la ducha y come como un asturiano botellas de sidra y colocones varios. Ladra muy fuerte, mucho más que los dos perros que tiene. Es un Goya con los testículos al revés, los cuales salen siempre por la tele siempre que se casa, gracias a Correa, una hija de Pepe María Aznar, otro cazador de urogallos. Y aquí lo dejo porque hoy se casa una prima mía en Formentor y llevo prisa, que no Prisa. Hostias, ¡qué tío el tal Cascos¡

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