Columnismo

Políticos en el infierno

Fotocopia de Luis de Guindos

11.07.2016 @emilioarnao 3 minutos

Continuando con las caricaturas que estoy escribiendo aquí, en “El reverso”, gran periódico púber conducido por mi amigo Demófilo -el cual escribe daguten- y su equipo de juventud, me toca hoy hacerle la fotocopia al tartamudo de Luis de Guindos.

No sé si se han fijado vuestras mercedes que cuando habla Guindos o bien tartamudea o bien repite las palabras como si se tratara de la ametralladora que fusiló a Mata Hari. Este hombre de la economía del Partido Popular no deja de ser un infiltrado en la política, pues pertenece al Cuerpo Superior de Técnicos Comerciales y Economistas del Estado y ocupó diversos cargos durante los dos gobiernos de Aznarín, ese golfista y bigotón de los spas portugueses. De Guindos, tartaja y cabeza como de Mussolini, trabajó en compañías de servicios financieros siendo miembro del Consejo Asesor de Lehman Brothers a nivel europeo y director en Celtiberia y Portugal hasta su quiebra en 2008. Digo yo que el tartaja algo tendría que ver en la quiebra de esa férula que se fracturó como el fémur de un futbolista hasta ocasionar ser el embrión de la tan grave crisis económica que padeció EEUU y que sigue padeciendo el mito de Europa. También De Guindos fue director del Instituto de Empresas desde 2010 y perteneció al Consejo de Administración de Endesa con carácter de Externo Independiente.

Esta independencia del tartaja de nuestra economía le convierte en un burócrata, en un técnico del liberalismo más atroz convertido en el gaudeamus de la política neoconservadora del Partido Popular. Gran amigo de Rodrigo Rato en tiempos en que aún le quedaba un pelo en la cabeza -que por cierto siempre se lo peinaba para atrás: “todo para atrás, todo para atrás”, le decía a su peluquero- fue responsable de la división financiera del PricewaterhouseCooper hasta su nombramiento como ministro. Es decir, que por allí por donde pasa deja de ser Alejando Magno para radicar en un persa de la economía aprendida de los ultras del economicismo internacional pronunciado por el thatcherismo y el reaganismo y la Escuela de Chicago.

La cabeza mussoliniana de Luis pone la guinda a unas políticas de recortes capaces de desmoronar a todo un país, como ha ocurrido en estos últimos cuatro años en Celtiberia y como ocurrirá en los cuatro años que nos quedan por delante. De Guindos es una furgoneta de matemáticas y déficit, un chupachups de niño malvado, un antiestético que tuerce la boca siempre que habla, y es precisamente esa mueca la que nos ha conducido a unas políticas en lo que priba es el capitalismo globalizado, la palmeta de Merkel, el machismo de un señor que nunca en su vida, ni incluso cuando estudiaba Ciencias Económicas y Empresariales por la CUNEF, se ha dado cuenta que la economía debe socialibizarse, que debe llegar a todos los miembros que componen una nación y no sólo a una élite de privilegiados que fermentan tanta mierda hasta, con el ventilador, extenderla por las paredes del palacio de La Moncloa, manchándole las barbas al registrador de la propiedad Mariano Rajoy, quien se la limpia mientras corre y corre como un dibujo animado. De Guindos es un ropavejero de las finanzas y los mercados internacionales y celtibéricos. Allá vayan esas pícaras. ¿Por qué no se compra una peluca, a lo siglo XVIII, con lunar y rapé y Diderot escribiendo la Enciclopedia?

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