Columnismo

Políticos en el infierno

Fotomatón de Mariano Rajoy

06.06.2016 @emilioarnao 2 minutos

Este hombre semiótico y con los andares de un Sancho Panza, aunque en delgado, por algo es gallego, yo creo mientras pienso, pues que el pensar es una forma de decir lo que uno cree que debe referir sobre cuál o tal tema, que Mariano Rajoy Brey es un cervatana que tiene las piernas como sarmientos, la boca senil como el abuelo de Heidi, el pelo entre chocheante y patata, la gracia en los tobillos de aquella Galleica de meigas y celtas, el uso del traje entre loncha de jamón ibérico y las manchas arrojadas por el vino de las cooperativas de nuestra España mediaval, la voz entrecortada y tartamuda, como si se tratara del humorista Arévalo, o mejor, Fernando Esteso cantando “La Ramona es pechugona y la más gorda de mi pueblo”, los zapatos y los calcetines al mismo color, pues sólo, según veo en la tele, posee un par para cada uso -menos los fines de semana que va sin calcetas porque se las está remendando María Dolores de Cospedal, mi amor imposible por la cual sería yo capaz de batirme a florete con Bárcenas, y así podríamos seguir con la fotografía de Rajoy Brey hasta depurarla en una sátira que tuviera que ver con las noticias de la revista “El Jueves”.

Y digo yo mientras digo, que Rajoy cecea como don Ramón María del Valle-Inclán, a quien le une el gallegismo, el esperpento, la mano manca -sólo usa la derecha por hacer gaviotas con la bandera popular-, la fealdad y ese gerifalte de antaño que ya es antañazo en estos junios de 2016, donde Rajoy debería ya haber sido exilado a su registro de la propiedad de Santa Pola, por bañarse en la playa en calzones a lo Fraga y adquirir morenez a su rostro de Frankestein.

Don Mariano es un rara avis de esta naturaleza animal de la hispania profunda, pues que no tiene carisma y sin embargo va ganando elecciones como el Real Madrid va ganando Copas de Europa. Don Mariano es un zorrillo que se las sabe casi todas, pero es hora ya que al zorrillo le demos la liebre para que corra tras ella, por ejemplo vestido de lagarterano o de Fernando VII, que es lo mismo pero en una sola pieza. Mariano tiene el ano de María, de ahí su nombre, por cual es mejor que esconda los traseros cuando hable con Maroto, pues que lo homosexual se extiende tal cual la mitificación de un Partido Popular que ya es cuchitril, roñosería, babas de hemiplejía y esa tagarnina que se fuma Mariano después de la masturbación democrática de este país al que algunos siguen llamando España.

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