Columnismo

Políticos en el infierno

La belleza de Andrea Levy

26.09.2016 @emilioarnao 3 minutos

Este currículum de ex voto que suena a maitines que es Andrea Levy es un factótum de un Partido Popular al que le sobran las gordas -Rita, Sáenz de Santamaría, y por ahí- y le falta la belleza de una Arantxa Quiroga o la misma Andrea. Esta señorita calza bolsos de piel marrones y unos ojos que de tanto mirar va separando las gaviotas y hasta los vidriales de Génova. Si es por gustos de las guapetonas de la política actual, me quedo con Inés Arrimadas, pero esta Levy, que tiene apellido de pantalón vaquero más un músico -Levy-Strauss-, llena los templos de la moda y la koiné política. Porque desde la belleza el ciudadano del curro eructa mejor y le salen mejor las rayuelas y el cubata de las discotecas. De bella y pelo largo como las musas de Géricoult, Andrea Levy me gusta aunque ya la han sacado novio, uno de Podemos cuyo nombre ahora no quiero acordarme.

Andrea tiene nombre de amante sin amor de Fiedrich Nietzsche, pues Andrea Lou-Salomé nunca fornifolló con el autor de “Así hablaba Zaratustra”. Así habla Andrea en el Congreso, más concretamente en el Parlament de Catalunya, donde se hace las uñas junto a mi Inés. Entre Arrimadas y Levy le pueden quitar el peluquín a Puigdemont, que la peluquera del president hace lo que puede, pues el president siempre quiere llevar el pelazo a lo beattle o a lo muñeco de Playmovil. El pelo es un problema catalán, como ya sabemos que ocurre con Anna Gabriel, de la CUP.

Pero estamos con Andrea, mi Andrea, cuyos cabellos son fermosos y tersos y como de ponny juguetón o de endecasílabo de Garcilaso de la Vega. Que le ponía yo una égloga en el vestido a Andrea para que me llevara por ahí por sus asuntos, sus televisiones, su inglés, sus artículos, cosas. Que Andrea da bonito en el feo panorama de rostros que planchan oreja en un Congreso desastroso con el stil novo. La Carrera de San Jerónimo debía convertirse en la Pasarela Cibeles para que las jais nos dieran una alegría entre ley orgánica y comparecencias del gallego y ceniza en barba de Rajoy, quien cecea y acaba los participios en “ao”, mala gramática y peor sonrisa, pues que semeja la de un Simson. Jerónimo/Cibeles nos trae a unas bellezonas que están contadas como habas o como los billetes de 500 euros, que los van a quitar porque Bárcenas no les puede dar uso, ya que está en la calle con calderilla en el bolsillo y mucha mala leche contra mi Lola. Pero Andrea, estamos en Andrea.

Andrea Levy podría hacer una película junto a Harold Lloyd, que sigue vivo, hombre, que lo vi yo tal que la otra tarde visitando el Prado del brazo de Levy. Andrea, pues, es una égloga, un verso, un italianismo, una Laura de Petrarca. Forma parte de ese club de guapetonas donde la reina del clariver, por estar hermosa de cuerpo y de edad, es María Dolores de Cospedal, mi Lola. Estas abejas no son miel, sino toda la primavera abierta y eyaculatoria en donde siempre tiemblan las rosas cuando pasan Levy, Arrimadas o Lolita. Tengo que hacer una novela sobre Lola que titule “La Lola se va a los puertos”. Así, con plagio y todo, con dos cojones.

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