Columnismo

Políticos en el infierno

La enología de Rafael Hernando

15.08.2016 @emilioarnao 3 minutos

Este hombre, de Guadalajara y arandela de chulería, pasea su chulismo por el Congreso de los Diputados como si fuera el anfitrión de esas palabras que le salen como cruzadas entre la violencia contenida y una voz como de boxeador de Michigan. Este Hernando a mí no me gusta ni un pelo de la barba canosa y de dibujo animado de Rajoy, pues que, siempre que lo oigo, me entra una urticaria pigmentosa que hace que apague la tele, la radio o hasta el cigarrillo que me fumo en el balcón desde donde ahora veo la torre de la Iglesia del Salvador en Requena.

En efecto, efectivamente, de veras, Rafael Hernando es un portavoz que no sabe dar ni la puerta ni la voz, ya que, siempre que abre la boca, es para destronar el ángelus o rascarse los testículos con ese lenguaje como traído del sonido de los organillos del chulapo madrileño. Así es, así ocurre, este Hernando, sajón y anfibología, es una mesnada de cabras que excrementa morcillas de arroz cada vez que da el tono conversacional de un Partido Popular que se halla entre la angustia y este nuevo guerracivilismo que ha nacido desde que los quincemayistas y los soberanistas y un socialismo del no han decidido hacer renquear la democracia por darse cuenta que cuando habla Rafael Hernando todo semeja en una derechona extrema y animalaria que nos va a desfacer a todos si consigue finalmente gobernar esta LII Legislatura ingobernable el PP.

Cada vez que oigo al tal Rafael, divorciado y máster en Administración y Dirección de Empresas por ICADE, me doy cuenta que regresa la Celtiberia más retrógrada y más fragosa donde en el film de Buñuel todavía siguen saliendo las Urdes. Este Hernando, fauna y como creyéndose bello dado la cosmética que usa para destronar las arrugas de joven anciano, fue condenado en diciembre de 2014 a pagar 20.000 euros, junto con el portavoz adjunto Rafael Merino a ese partido ya quasi desaparecido de rosa y Díez que fue UPyD por vulnerar el honor del mismo al acusarle de financiarse ilegalmente. Y es que el tal Hernando tiene esas manías como paranoicas-críticas, a lo Dalí, de insultar con eufemismos vulgares y zánganos a todo aquel que se le pone en la cercanía gracias a los prismáticos de prehistoria que usa cada vez que coge, como si agarrara un falo, el micrófono de las Cortes.

Este Rafael Hernando, guaperas y verbenero, da la impresión que consume el crak de la política más beligerante, esa que usa el Partido Popular para rascar las vaginas de esas muchachas socialistas o podemitas, por lo que se infringe la ley de las novelas de caballerías desde su máscara y alucinación como traídas por el Caballero de la Triste Figura.

Este diputadillo que siempre ha sido Hernando por Almería o entre las casas viejas de Guadalajara, presidente de las Nuevas Generaciones del Partido Popular, se contonea como un macho alfa que abreva en las manos de un neoconservadurismo que vamos a seguir sufriendo si Ciudadanos da el sí, como lo va a dar, novia del maniqueísmo, para gobernar con el rajonismo en minoría. No va a haber terceras lecciones, porque Rafael Hernando es un vivales y un latin lover que da el sonido de esta democracia maximus in minimus –como decía Ortega de Azorín- que nos espera al regreso del último cigarrillo.

A Rafael Hernando lo vamos a tener que seguir soportando en esa ebriedad de anís Machaquito que es su voz desolada y desolante, adjuntándose la cosa en un imperialismo de cuerpo bravo y machotada de pelos en las axilas que ya es Rafael Hernando cuando desde su guapería desborda el crónlech de la educación y el buen gusto. Hernando no es un portavoz, sino un muñeco de porcelana que mea solo sobre la cabeza aguileña de la actual política española. Pero ya se sabe que picha española nunca mea sola.

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