Columnismo

Políticos en el infierno

La escarpadura del 26J

23.05.2016 @emilioarnao 2 minutos

Decía Terencio que se equivocaba profundamente quien creyera que se establece mejor la más duradera autoridad por la fuerza que por un pacto amistoso. Y Virgilio, poeta de las hierbas, apuntaba que no todos lo podemos todo. Estos aforismos de los clásicos me hacen a mí pensar mientras pienso que la política es una escarpia que desherba la exposición entre autoridad y ciudadanía. Dentro de aproximadamente un mes tendremos elecciones generales de nuevo, porque repetir la democracia es como repetir los cromos de una colección de equipos de fútbol en la infancia. No sabemos nadie, aunque lo sospechamos, en qué rallye nos meterán los partidos políticos a partir del 27J. Yo tiendo a considerar mientras considero que todo quedará en tablas, como en el 20D, por lo que habrá que hacer caso a Terencio y pactar como pactan las gramíneas con el petróleo. Nuestra democracia supura zapatillas de tenis en todo lo que tiene que ver con su falta de consolidación y con los agujeros que penetran en la transición constitucionalista.

La Transición Española se hizo tarde y mal, pues que sólo se escribió por unos escribidores -algunos de ellos todavía procuradores en Cortes y con ramalazos del posfranquismo- que únicamente pensaron España a corto plazo, con el objetivo de salir de una dictadura que ocasionó que no reconociéramos el porqué de los siglos veloces. Llegó el XXI y la Constitución ha quedado obsoleta, palurda, gualdrabas, hermafrodita, por lo que necesita un cambio de trapo y de cerámica para que las nuevas generaciones puedan convivir en una nueva democracia que traen sobre todo los partidos emergentes.

Podemos y Ciudadanos aumentarán sus escaños el 26J y ahí se verá la deriva de unos y de otros. Aquí sólo cabe un tipo de submarinismo: el de la derecha vieja y juvenil y el de la izquierda centrada y quincemayista. La coalición entre Podemos e Izquierda Unida puede dar el sorpasso al Partido Popular, el cual, pintando las copas de los árboles de la corrupción, ni siquiera debería presentarse a comicios, sencillamente por una cuestión de honradez y de filantropía.

El 26J yo iré a votar vestido de Cristóbal Colón por ver si el nuevo mundo realmente ocupa la verdadera política -afincada en la transformación total- en donde los sitiales los ocupen en el Congreso de los Diputad@s la gente de la calle, porque es la ciudadanía española la que debe regenerar este sindiós que nos dejó como genealogía un gobierno cojitranco, baboso, escarcha y odio. Me voy a fumar.

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