Columnismo

Políticos en el infierno

La fermosura de Arantza Quiroga

19.12.2016 @emilioarnao 3 minutos

Comenzaré esta estoria amorosa con palabras cervantinas: ¡oh perpetuo descubridor de los antípodas, hacha del mundo, ojo del cielo, meneo dulce de las cantimploras, Timbrio aquí, Febo allí, tirador acá, médico acullá, padre de la poesía, inventor de la música, tú que siempre sales y, aunque lo parece, nunca te pones¡ A ti digo, ¡oh sol, con cuya ayuda el hombre engendra al hombre¡, a ti digo que me favorezcas y alumbres la escuridad de mi ingenio, para que pueda discurrir por sus puntos en la narración de este amor idílico que siento por la sin par Arantza Quiroga, pedernal que soy yo para sus ojos, duquesa de los topacios, valor de juventud que no se compra ni con cinco escudos de oro en oro, oh, Arantza, que contigo yo volara en todos los caballos que las novelas de caballería han traído a este reino y a los otros, como Rocinante o caballo de Belerofonte, llamado Pegaso, o como Bucéfalo, Brilladoro, Bayarte, Frontino, Bootes o Pirítoo, Orelia o Clavileño, que con ellos yo por los cielos atravesaría junto a Arantza, según apunta Ptolomeo, la segunda región del aire, adonde se engendra el granizo y las nieves, la tercera región, que es donde se dan los relámpagos y los rayos, o en la misma región del fuego, que fuego soy yo cuando veo a Arantza Quiroga por las Vasconias, mas que esté matrimoniada y con cinco mozos y las niñas de sus ojos. Mal sea mi villanería, por la que solicito perdón y no oféndase Dios. ¡Sesenta mil satanases me lleven si este amor que no es venganza no se dé por merecido¡ Que aun no siendo yo de los conservadores, acepto de la mía señora su lucha contra el abortismo y su deidad con Cristo. Porque a quien Dios quiere bien, la casa le sabe.

Que no importa que en ideologías no hagamos las letras como marca de fardo, que mi señora Quiroga es de tal fermosura que me crujen los dientes y se me seca el cerebelo y se me nublan las entendederas, que no soy pro yo para este gobierno de la mía doncella. Que alabo su lucha contra los herejes del terror y su defensa de la mujer en la economía, que rezo mil paternostres cada noche porque yogésemos juntos, aunque el diablo que todo lo añasca y todo lo cuece doscientos azotes me dé por merecello. Si pudiera ver a mi doncella, manque fueran sólo como dos niñas, con la saya levantada y en el regazo puesta la bolsa de todo mi amor que se endulza siempre que hay lana entre las zarzas, y que posible fuera que el sol de Aristóteles en su Física me la conservara entera como la salamanquesa en el fuego, ¡ay, qué yo me haría de esta ínsula Barataria, ficticia y fabulosa, que es el gobierno del PP¡, donde se halla también la defensa de mi Lola, pero Cospedal ahora es más dueña que doncella, puesto que Arantza no es tan churrillera y embaidora, sino lilio bello puesto en los versos del gran Góngora, y es este mi poema o mi estoria sobre quien le solicito a la Santísima Trinidad de Gaeta que me dé fuerzas y corazón no nublado por encontrarme con ella en esta isla de Mallorca en la que vivo, por vacacionar con ella en el cuerno de la luna o en este deseo que da conmigo en la cima. No soy verde, sino moreno, pero aunque fuera de mezcla cumpliera yo mi palabra de hacerla felice hasta que su doncellez cumpliera frente a mí a un hombre verídico, lo cual soy yo en esta mi escritura. Y no haya más.

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