Columnismo

Políticos en el infierno

La pazguatería de Martínez Maíllo

19.02.2017 @emilioarnao 4 minutos

Fernando Martínez-Maíllo Toribio, vulgarismo de Ídem, se ha convertido tras el décimoctavo Congreso del Partido Popular en coordinador general, lo cual le sitúa en el número tres como galeón de poder en la estructura organizativa del PP. Sin duda Rajoy ha pensado en Maíllo por hacer más llevadera la secretaría general de María Dolores de Cospedal, mi Lola de pechos nacidos en octubre. Maíllo está ahí para pintarle los labios a Lola mientras ésta pasa revista a las tropas con su guardasol y su coleto, más su ropilla ajustada que le da a la cintura una curva de escultura egipcia. Maíllo Toribio es feo de cara, por algo nació en Zamora, y se licenció en Derecho por la Universidad de Salamanca, donde no se sabe si fue Fray Luis o Unamuno el que le dio el birrete de recién universitario. Maíllo tiene dos casos o cosas que a mí me llaman poderosamente la atención, esto es, que es como un frutero que se puede poner en cualquier salón del barrio de Salamanca y que fue alcalde de Casaseca de las Chanas, que es como ser edil de váyase usted a la mierda.

Sin duda don Mariano le ha señalado con el dedo -el dedo de Rajoy es como el dedo de Trump, sino fíjense vuestras mercedes- por hacer de pintamonas o de quitarle el toro a Lola cuando ésta al entrar a matar sea empitonada por los herejes comunistas que son los de Podemos y de ese modo darle oxígeno y un trago de gintónic a la secretaria general. Que Lola tiene ya muchos cargos, más que la duquesa de Alba, por lo necesita un lazarillo que le diga al ciego, en este caso a la ciega, por qué arcada tiene que cruzar el charco, para que no se dé de morros con la columna de la plazuela. Que Maíllo tiene muchos municipios y provincias, federaciones y suplencias de Rita Barberá, y su experiencia le hace capaz de vender cinco pasteles de a cuatro, mientras la pastelería sea neoconservadora y capitalista, juvenalia y carroñera. Que Maíllo hace ahora de carroñero del Partido Popular, ya que coordinar algo es lo mismo que hacerle crecer las alas como buitre o pájaro predador de carne de cervatillo o de lémur. Maíllo es hisopo con el testiculario lleno de hojaldres, que muchos güevos tiene que poner el ave para transitar por la coordinación general de un partido como el Popular, el cual le está dando la sopa de San Jerónimo a una España acuartelada y virgen y mártir. Maíllo Toribio -Toribio es apellido de paleto en Castilla- ahora le toca tocar la música de la gaviota, ya sea en rap, en charlestón o en canto gregoriano, que es el que le gusta escuchar a don Mariano antes de irse a dormir.

Maíllo Toribio -con este apellido tan lerdo no se puede ser coordinador de nada, ¡váleme Dios¡- es un todoterreno capaz de aguantarle el culete a mi Lola cuando ésta se canse de trajinar con los corchetes, con la guardia civil, con los sargentillos que se van y vuelven de Afganistán -pero sin Yak-42, que mi Lola ha tomado nota y Maíllo va a alquilarle el Air Force One a Donald Trump para los repatriados-. Maíllo Toribio va a recibir chichones y tolondrones por todo el cuerpo coordinativo, pues que tal cargo supone el empleo de toda fuerza humana para apacentar a las ovejas y a las gallináceas de todo un Partido Popular, donde ya no quedan más que ositos de peluche y patitos de goma de esos para el jacuzzi. Maíllo Toribio pasa de alguacil a cortesano de La Moncloa, por lo que deseo mucha suerte y que acierte cuando mi Lola se me constipe o le entre la gripe española, que, si tal suceso ocurre, yo me voy a Madrid a hacerle manitas, ya que Toribio lo que tiene son manazas, y yo doy más el donjuanismo que el mal apellidado Toribio. Que tenga ojo Maíllo y no se me enamore de mi Lola, que para eso estoy yo, como la cabra de la Legión y el Sáhara español, hostias, o la isla de Perejil, que es donde se habría de ir a vivir en tienda de campaña Federico Trillo, cagoenlaleche, pordiós. Ay, Lola, mi Lolita con morros de tocinete.

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