Columnismo

Políticos en el infierno

Lobotomía de Javier Arenas

24.10.2016 @emilioarnao 3 minutos

Don Francisco Javier Arenas Bocanegra, Arenitas, es un torillo de mucho topetón y excesivas madrigueras, pues que ha calzado la toponimia del Partido Popular en sus muchos balnearios en donde se ha bañado en pelotillas con tal de refrendar su ego caliente y sevillano. Nació el día de los inocentes de un 1957, lo cual da la inocentada que es él mismo cuando habla con seseo labrando la lengua castellana en un trozo de magro que le salta desde los ojos. Veo yo a Arenitas como a un corajudo donde no importa mucho dónde esté, pues lo mismo apunta para la UCD, para diputadillo, para jefe de la camorra en el Parlamento andaluz o para ministro de Trabajo, entre otros vendavales en donde siempre lo hemos visto como a una muchadumbre de él mismo solo ante esta tauromaquia de militares y marquesas que es el Partido Popular.

Arenitas, o Bocanegra, tiene la boca demasiado oscura, tal y como dicta su segundo apellido, ya que en el discurso iracundo siempre aparece Sevilla con el Guadalquivir esquivando no sólo Al-Andalus sino la Celtiberia entera. Acostumbra Arenitas a estar a cada momento en los micrófonos, grabando su rostro hinchado y esa sonrisilla como traída de aquellos payasos de la tele que fueron Gabi, Fofó y Fofito. Que a mí me dio mucha pena penada cuando murió Fofó, que era cuando Arenitas era alumno del colegio claretiano San Antonio María Claret, desde donde se amputó la inteligencia posteriormente estudiando Derecho y cementando un máster en Dirección de Empresas. Este señor es un andaluz barbiponiente cruzado con Cantinflas.

Arenitas tiene mucha guasa, por eso le sale siempre Sevilla en cualquier corrillo o mientras le mesa las barbas a don Mariano Rajoy Brey, quien le guarda su puesto como funcionario del Ministerio de Cultura para cuando se acaben las bajocas estofadas o le quiten las braguitas a la Virgen del Rocío.

Arenitas, Javier Arenas Bocanegra, da susto cuando lo miras, dado que nunca sabes a qué naipe va a jugar, si al de claretiano -memento de religiosidad- o a ser testigo del caso Bárcenas, junto a ese gordete de ideas que es Álvarez-Cascos -de quien hablaré aquí la próxima semana-, tras las acusaciones del esquiador y suizo y ex tesorero por supuestos cobros en B sin declarar. Arenitas no sabemos si cobró en B, pero su Bocanegra sí que va en B, por lo que es fácil suponer que a lo mejor y supuestamente tuvo su clariver a la hora de salir en el papelamen de don Luis Bárcenas -de quien me ocuparé de aquí a dos semanas en este periódico tan de uso para el articulismo caricaturesco y literario-.

Arenitas ahora es canoso por vía genética y se ha puesto feíllo con los años, que antes era galán y caballero como la tasa del paro. Arenitas va envejeciendo así como para actor secundario de una película en que se versione una novela de Raúl del Pozo, por ejemplo, “Noche de Tahúres”, donde el póquer y la coca van resolviendo los congresos del Partido Popular en donde todos se enamoran y se aman y se mamonean a lo Rita Barberá. El rajonismo tiene en Arenitas a su mejor andalucismo para los días de tormenta, porque Rajoy sabe que Bocanegra es lagarto y teniente de alcalde que está ahí para un potaje o para un sancta sanctorum de la iglesia dedicada a San Lorenzo, siendo Arenitas un papa de Roma que mastica chupachups en la Capella di San Lorenzo in Palatio, o mejor, en el Palacio de Letrán. Arenitas ya sólo es una reliquia y lo más convincente que podría hacer -ahora que ya no se le oye- es retirarse a un templo de Jerusalén en donde pueda hacer piragüismo en aguas santas. Arenitas Bocanegra es ya el tabernero del Partido Popular. Ah, la ancianidad o la destrucción. Arenitas es un portavoz con las trenzas de Heidi. Y me voy ya, que me tengo que comprar una máquina de coser y un paraguas.

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