Columnismo

Políticos en el infierno

Mi Lola en Defensa

07.11.2016 @emilioarnao 3 minutos

Ah, Lola, lo, lo lo, Lola -canción de The Kinks- ya la han malmetido en Defensa, pobrecita mía, hoy ha desfilado ante las tropas con el cuerpo esbelto, la caballera como algas de mar, los pechos caídos -yo creo que debe ponerse un wonderbrá-, las manos ortográficas, los pies como para besárselos, los labios como morritos de tocinete, la cara guapa como de la beautiful people, la pelvis escondida en la lencería azul como para hacer méritos a las gaviotas del Partido Popular, ah, el cuerpo de Lola, justo, esculpido, mortal y rosa. Mi amor por María Dolores de Cospedal hace que no vea con asignación que la hayan metido en Defensa, con esos legionarios y esas tenientes de artillería que son producto del erotismo de sus superiores, pues yo quería para ella una cartera de Interior, o, si mucho se me apura, una vicepresidencia. Soraya, anticospedaliana -la odio por ser tan bajita- no le llega en belleza ni al ojo de la niña de mi Lola -ano en Quevedo-. Mi Lola, aparte de secretaria general del PP, va a tener que viajar mucho a Afganistán y otras zonas en conflicto. Como la conozco -cada noche me acuesto con ella en su fotografía de Dulcinea del Toboso- sé que Lola no nos va a meter en una nueva guerra. Cospedal es hija de la paz y la palabra, por eso se ha leído a Blas de Otero.

Mi Lola cada vez está más buena. Así como le suceden los años se va convirtiendo en una actriz francesa, a lo Catherine Deneuve, que es mucho de actuar mi Lola con sus ojitos que lo miran todo menos mi fotografía que sale en Internet. En este mismo periódico, me parece que en un lejano ya artículo que escribí sobre mi Lola, me llamaron a la atención. Yo sólo quiero llamar la atención del divorcio de Cospedal por ver si, haciéndome de las Juventudes del Partido Popular, puedo pillar en almadraba a mi lolismo. Soy lolismóforo celeste, andrógino del amor por una lencería que yo mismo me pondría, poeta de las bellas artes de María Dolores, ateo religioso de sus piernas que son como bellas columnas del Partenón, escribidor de su belleza sin ánimo de lucro, soñador de un vaginismo que sé que nunca he de contemplar. En fin.

Mi Lola es The Kinks pero con una balada de Serrat, “Penélope”, por ejemplo. Yo le cantaría a mi Lola todas las baladas que me sé de memoria de Joan Manuel Serrat, “no es tan triste la verdad, lo que no tiene es remedio”, etc. Mi lolismo llega a Nabokov pero sin edades por en medio, pues Lola creo que cumple la misma edad que yo suelto cada mañana cuando me lavo la cabeza y pienso en la comisura de los labios de una manchega que perdió la presidencia ante Emiliano García-Page. Pero el Ave Fénix siempre se levanta. Y ahí está mi Lola, ministra de Defensa, secretaria general, ranita y piel dulce de las postrimerías. Tengo ganas de hacerle el amor, aunque sea a la manera petrarquista. Escribo mil sonetos y los mando por correo al ministerio de Defensa por ver si alguno de ellos le hace caer alguna lagrimilla de sibila y Venus.

Mi Lola es sólo mía. Me voy a hacer soldado de entreguerras para verla hacer el paseíllo en estos días de lluvia en que la carne está triste y ya he leído todos los libros, como dijo Mallarmé.

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