Columnismo

Políticos en el infierno

Oftalmología de Juan Ignacio Zoido

12.12.2016 @emilioarnao 3 minutos

Este Zoido, cuyo apellido da de venir en las calendas de los moros, como si hubiera fecho una moaxaja el día en que nació en Montellano, tiene cara de pan, de panadería regordeta y sevillana, los ojos saltones cual treinta y una ranas, el cuerpo grueso de quesos y otros caldos de la jañoña, por lo que a mí cuando lo veo seméjame a Sancho Panza teniendo a Rajoy como caballero andante, el cual, tras el encuentro con el cavallero del verde gabán, lo ha colocado ahora de ministro de Interior. Este Zoido, conocido en Vandalia -Andalucía en Cervantes- por sus mazorcas de perlas como juez o como representante de los culos gordos de la magistratura, tiene la cruz distinguida de segunda clase de la Orden de San Raimundo de Peñafort, concedida mientras era juez de primera instancia e instrucción de Utrera, que es como darle un rucio a Panza por ganarse una ínsula como gobernador de la justicia y nora en tal del sanchismo refranero y medio palurdo. Zoido fue alcalde polémico de Sevilla entre 2011 y 2015, donde asomó su catolicismo de vírgenes, santos, demonios y cabrones, en su natural in hac lachrymarum valle. Tiene Zoido rebanadas de panceta en el vientre y alegría de borracherías de manzanilla para cuando la feria de abril. Es feo el hombre como un eccehomo reformado.

Este Zoido o Zoraida, que para el cuento que va da lo mismo, como presidente del Partido Popular de Vandalia, enjalbó los caballos de los infortunios y se quedó ciclán o lo que es lo mismo, a falta de un testículo por mejor representar las aventuras de los caballeros andantes sevillís y rocieros. Que tiene Zoido muy buena colocación agora y en las fotos de los periódicos da esa cara de pan como judío o musulmán a punto de ser expulsado por Isabel la Católica de la Maestranza o del Parque de María Luisa. Que tiene Zoido una voz como trueno y unos andares como galeote hecho preso por sus controversias o polémicas de parlador o bocabocinero de esos que se hallan en las tómbolas del mundo. Posee Zoido un hedor a excremento de jumento y seguramente se lava el testiculario en buen edificio en donde suena el dinero, más los otros instrumentos que son las flautas, los tamborinos, los salterios, los albogues, los panderos o las sonajas. Que musical nos ha salido Zoido mientras yanta longanizas y palominos para engrosar ese cuerpo sanchista que ministra el interior y despedida de una España exteriorizada de conservadurismo y de leyes que vienen arrastradas por los vientos nortes.

Que Zoido es anochecido ya, y luce verbenas y comedias como si fuera un corral de Almagro en donde se representara el teatro de Lope. Que Zoido es teatro y muchedumbre de cuero de vinos y herrabundos vómitos en los juzgados o en las alcaldías o en los ministerios. ¡Oxte, puto¡ ¡Allá darás rayo¡, que viene Zoido con su acémila y sus yantares para darnos el ministerium de Interior en holgadas y mazapanes de una Navidad de Juan Ignacios y mamadillas de cuartel y coroneles ante los tauros.

Que Zoido nos da sed y la hambre, por ser majo desnudo pintado por Goya, que al desnudo Zoido semeja un odre o una morcilla de Burgos. Y en su interior interiorizado todos los españoles sabemos que cuando nos dieren la vaquilla hemos de correr con la soguilla. Que de mala leche tiene la faz Zoido, y en eso de nuestras casas hemos de sacarlo, pues honores mutant mores, que es lo mismo que decir que no fornifollemos delante de la cara de pan del tal Zoido, que la Nacional nos hará presos y próximos a las malvas.

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