Columnismo

Políticos en el infierno

Un selfi con Soraya

13.06.2016 @emilioarnao 2 minutos

Soraya Antón estudió derecho en la Universidad de Valladolid y dio clases de derecho administrativo en la Carlos III de Madrid antes o mientras tanto que se dedicara a la política. Se casó en Brasil por lo civil con un abogado que acabó en Telefónica, con lo cual S.A tien veinte móviles y la posibilidad de acceder al teléfono rojo de Mariano en el caso que los independentistas catalanes nos declaren la guerra nuclear, que está ahí, tan cerca como estoy yo de alargarme el pene por mediación de la cirugía estética, aunque Raúl del Pozo nos recuerde que en la Antigüedad y en el Renacimiento lo que se llevaba era el nardo pequeño.

Soraya Antón es bajita como una bandurria y está entre guapa o fea según las cámaras le protejan o no cada viernes después del consejo de ministros. Soraya Antón sería una mezcla de darle al litro mientras habla y una adolescente del cánnabis y de las uñas de vaca. Pedrojota, un día que llovía, le hizo un reportaje para “El Mundo” en que la sacó medio en cueros, con una lencería comprada en El Corte Inglés. Cuando yo vi aquellas fotografías reconozco que la libido me subió hasta tal punto que estuve a tris de apuntarme a las jóvenes generaciones del PP.

Soraya Antón, virgen y mártir, tiene de bella lo que el caballo embestido por el Tauro, pues que sus rebuznos de los viernes son sencillos y tiernos, dulce como mi alma y escrupulosa como las santas trinitarias, aquellas que salvaron de Argel a Miguel de Cervantes. Soraya no es tan hermosa como mi Lola, pero es resultona la chica y su china estatura la resuelve bailando en los platós de Antena 3. Soraya baila mejor que como bailaba Michael Jackson. Es un grito mudo, un trasero fondón, unos labios por donde escupe todo ese neoconservadurismo que no va con ella, pues que a Antón le hubiera gustado más ser nadadora olímpica o por lo menos ajedrecista rusa. Todo se andará.

No amo a Soraya como amo a mi Lola, pero reconozco que la sonrisa de la vallisoletana mece la arena en donde crecen las rosas antes de temblar.

Soraya es la mejor ministra que tiene el rajonismo, porque está bien educadita y es menuda como una perra coletera que lleva siempre de amo a una democracia que es fea, católica y sentimental, a lo Bradomín que digamos. Acabo de eructar porque estoy bebiendo cocacola para escribir este artículo que ya está acabado, como ustedes, inteligentes lectores, pueden comprobar.

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