Columnismo

Por la olvidada

21.02.2016 2 minutos

Una semana después... Cuando la ironía de San Valentín acaba y, con él, los "forzados" sentimientos de miles de personas en su afán de demostrar a su alrededor el verdadero amor que sienten, la vida sigue su curso. Dejan a un lado el deseo de hacer notar que aprecian a alguien (que hasta cierto punto llega a ser inquietante) un único día al año.

Todos son apariencias. Meras apariencias bajo una fachada de corazones comerciales incitándonos a demostrar un amor sentido para alcanzar un falso clímax en una relación mejor, en una vida mejor, con el beneficio económico siempre presente. Pero, ¿de qué amor se trata? ¿De aquel que sentimos solo por un día, o de aquel que te llena y sentimos realmente?

En este caso, y en el trasfondo de estas líneas faltas de belleza léxica, se brinda por el amor olvidado, el amor de verdad. Por alguien que va contigo allá donde vayas, que permanece a tu lado y te acompaña en los momentos de gloria y desolación. Por el amor merecedor de un reconocimiento diario. Por aquel que eriza la piel y penetra en nuestro interior. Por el más puro, el más sincero, por aquel que elimina el veneno.

Se brinda por el amor del arte. Por el amor de la literatura. Por ambos que en su conjunto constituyen el querer olvidado del que hablamos, lleno de sabiduría y magia que nuevamente eriza la piel. Y que de nuevo brindamos por esta magnífica redundancia de un amor honesto  y sincero: la música. Aquella olvidada que nutre maravillosamente nuestro ser sin pedir nada a cambio y sin esperar agradecimientos cuando nos consuela. La verdadera flecha lanzada por Cupido con su armónico arco. Aquella que traspasa las barreras y se acurruca en cada uno de nuestros corazones. Los que no se compran. Los que se revolucionan. Los que “sienten”.

Porque la música es capaz de hacernos tocar fondo, pero también de hacernos sentir vivos. Porque nunca nada ni nadie nos enseñó tanto en tan pocos minutos de vida.

Por todo esto y mucho más, cuando la ironía de San Valentín acaba, yo brindo por la música, por el amor de verdad.

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